Inicio Deportes Agustín Carrizo, el tenista monterizo que deslumbra en Estados Unidos

Agustín Carrizo, el tenista monterizo que deslumbra en Estados Unidos

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GANADOR. Con el puño en alto, Agustín festeja un punto.

Por las mañanas, Agustín Carrizo va a clases y toma apuntes. Estudia administración de empresas en la Norfolk State University. Por las tardes, se pone las zapatillas deportivas, la remera amarilla, el color que identifica a su universidad, y sale a la cancha a perfeccionar su tenis.

El monterizo, de 21 años, se ha convertido en una de las grandes promesas del deporte de la raqueta, consiguiendo un logro hasta ahora inédito: se metió entre los mejores 60 tenistas universitarios de Estados Unidos. «Fue una gran alegría poder hacerlo. Valió la pena tanto entrenamiento, tanto esfuerzo y tanto sacrificio. Logramos eliminar a los actuales campeones, que el año pasado nos habían eliminado a nosotros, y así pudimos conseguir esto», confiesa en diálogo con el portal de noticias El Tucumano.

Por su buen desempeño, la institución decidió entregarle un reconocimiento, aunque él siempre elige hablar en plural. «Fue una buena temporada para todo el equipo. Conseguimos buenos resultados ante adversarios durísimos», admite.

GALARDÓN. Agustín posa con el premio que le entregó la Universidad.

Y en ese conjunto, no es el único tucumano. Lo acompaña Flavián Fernández, su amigo y compinche, en la vida y en la cancha. Juntos salieron a enfrentar a la pareja de Princeton, una de las mejores del país, consiguiendo un triunfo épico en dobles. El día que el «meta chango» pudo más que el «come on».

Admirador de Roger Federer, Agustín mantiene los pies en la tierra y no se obsesiona con el futuro. «Vivo el día a día, mis únicos objetivos en este momento son conseguir el título de la conferencia para la universidad, y poder graduarme», reconoce.

META, META. Agustín y Flavián conversan durante el descanso de un partido.

Hijo de Arnaldo y María, dos profes de educación física, desde la lejana ciudad de Norwich piensa y añora a su Monteros, donde también vive su hermanita, Lucía. «Todas las tardes hablo con ellos, se extraña mucho la familia y los amigos, la vida acá es muy solitaria y no se valoran tanto cosas que allá son importantes y te hacen sentir bien, como compartir con la gente querida».

Su vida y su carrera, corta pero promisoria, están marcadas por la decisión y el sacrifico. Comenzó con sus primeros tiros cuando tenía 8 años, y a los 13 se tomaba dos colectivos para viajar hasta Lawn Tennis, en la capital, donde entrenaba todos los días. Como juvenil, llegó a estar entre los mejores 20 de Argentina, y los buenos resultados le permitieron conseguir esta beca de estudio. Y ahí partió, hace ya tres años, con la valija llena de los sueños que ya ha empezado a cumplir.

Fuente El Tucumano

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