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Racing consiguió una victoria trabajosa ante Lanús y mira a todos desde arriba

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LANUS RACING foto MARCELO CARROLL

Traga saliva. Suda preocupación. Racing atraviesa el final del partido entre espasmos. Con chuchos de frío que recorren su espalda ancha. Gana en la Fortaleza, ese estadio inexpugnable durante once años, pero vive con la sensación de que un estornudo puede terminar en gripe. Y en ese empate que Lanús merece por su empuje, por esos centros que fluyen de los costados, por una actitud innegociable. Entonces, surge Gabriel Arias con manos firmes para tapar un cabezazo con destino de gol de Marcelo Herrera. Y Leonardo Sigali mete un taco extraordinario que poco tiene de lujo, pero bastante de eficacia, para evitar que Marcelino Moreno quede de frente al arco. Y la Academia respira. Por fin. Con tres puntos que serán una medicina para calmar la ansiedad de los últimos minutos. Que le servirán para sostener su liderazgo en la Superliga. Que le permitirán ratificar su condición de candidato. Que lo obligarán a hacerse unas cuantas preguntas, más allá del resonante éxito en el Sur.

Es que, en definitiva, Racing ganó por un error de Guillermo Sara y se complicó solito por los tardíos y desafortunados cambios de Eduardo Coudet. El arquero granate regaló la pelota en la salida, el incansable Augusto Solari cortó el avance y dejó a Jonatan Cristaldo perfilado para el gol. El Churry definió cruzado. Y justo en el mejor momento de Lanús, consiguió quebrar el resultado. Será un punto a favor del Chacho por la insistencia con este delantero que llegó fuera de estado, que luce impecable desde lo físico y que relegó a Gustavo Bou, ni más ni menos. Y un premio demasiado gordo para la Academia, claro.

Porque a esa altura del partido, cuando se habían consumido una docena de minutos del complemento, Lanús había logrado dominar el juego. Una tendencia que se había visto en el último tramo del primer tiempo. Había empezado mejor Racing, pero los granates terminaron más enteros. Fundamentalmente, gracias al desequilibrio del pibe Pedro De La Vega. ¿Dónde estaba este centennial en los tiempos de Ezequiel Carboni? Guapo, encarador y con el chip incorporado para retroceder y colaborar en la recuperación, el rubio de 17 años fue el jugador más inquietante. Y produjo la jugada más clara en esa etapa inicial, un derechazo de media distancia que Arias tapó volando como un cóndor y, a decir de los más antiguos relatores deportivos, sacó con la mano cambiada. Era un momento de zozobras para la Academia porque Lanús ganaba cada pelota dividida.

Racing fue superior en la tenencia y en la triangulación sólo en la primera media hora del partido. A partir de la salida atildada de Marcelo Díaz y la conducción de Pol Fernández, tuvo mejor gestión de juego. Sin embargo, le faltó explosión por las bandas, más allá de las proyecciones de Renzo Saravia y Eugenio Mena, que ganaron y perdieron por igual sus duelos individuales con De La Vega y José Luis Gómez. Sorprendió poco Solari en ese lapso. No fue punzante Matías Zaracho. Y Cristaldo y Lisandro tuvieron poco peso en el área, más allá de los goles bien anulados por Nicolás Lamolina a instancias de su asistente, Gustavo Rossi.

Lanús se había mostrado ordenado, con el objetivo de tapar los costados a bordo de un 4-4-2 y desplegar a sus volantes cuando Racing perdiera la pelota. Con Lautaro Acosta rápido y Sebastián Ribas como referencia, intentó ganar terreno con algún contragolpe. Recién pudo hacerse del control del juego en los últimos diez minutos del primer tiempo. Y así continuó en el arranque del segundo.

El gol de Cristaldo coincidió con la lesión de De La Vega. Los jugadores locales protestaron porque el chico estaba tirado y consideraban que sus rivales debieron devolver la pelota. Fue un grave error de Sara. Una contractura propia del debut conspiró contra el chiquilín. Lo reemplazó Marcelino Moreno, que por momentos se impuso en el mano a mano con Saravia. Zubeldía sumó otro 9, Fernando Coniglio. Y buscó con bochazos. El partido estaba a pedir de una réplica de Racing, pero Coudet hizo un cambio que en el último ciclo de Diego Cocca o durante la era del Ruso Zielinski eran carne de la crítica. Fue demasiado mezquino el Chacho. Ingresó Alejandro Donatti por Lisandro para ganar altura y armar una línea de cinco. López se fue caliente, en especial, por una jugada que resolvió mal Zaracho cuando estaba de frente al arco. ¿No era momento para explotar los espacios que dejaba Lanús con el ingreso de Bou y Centurión? Iban 28 minutos del segundo tiempo.

Ricky entró un rato después. Jugó un ratito y se fue lesionado. Racing jugaba cada vez más cerca de Arias, sostenido en el arquero y sus centrales, con un nudo en la garganta. Con la punta del campeonato, claro. Con la certeza de que tendrá que arriesgar más en el área de enfrente para no sufrir en la propia y exponerse al cachetazo.

Fuente Clarin

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