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Crónicas del ayer: así era Aguilares en 1913 (parte 2)

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Aguilares.- Volvemos al viaje del cronista de El Orden, pero antes, es necesario dar una fe de erratas respecto a mi nota anterior: cuando me referí a la calle principal que separaba en dos a la ciudad dude entre la Av. Sarmiento o la Mitre, gracias a quienes me aclararon que era la calle Alberdi. Los días transcurren y afirma: “Camino sin rumbo por estas calles, observando la vida de este pueblo, en sus distintas manifestaciones.” Al llegar a una casa-esquina le llama la atención un sonido de instrumentos musicales, oboes y clarines dice, que le daban cuenta que ahí adentro se estaba llevando a cabo un ensayo. Al preguntarle a un vecino, el cronista recibe la respuesta que era la casa de la Comisión de Higiene y Fomento, y que de donde escuchaba los instrumentos era la habitación del director de la banda de música (y su familia) y por aparte, sala de ensayos.

El cronista se acerca a entrevistarse con el director y aprovecha para comentarnos: “En una amplia sala sendos atriles dispuestos simétricamente. Delante de ellos veinte y dos muchachos, instrumento en mano, pugnan por salvar las dificultades de la popular partitura. En el centro el director corta el aire con el índice de su mano derecha que le sirve de batuta, concertando. Mejor dicho luchando por concertar.” El director se sonríe al ver al cronista, frena el ensayo, se acerca a saludarlo. Le comenta que la banda está compuesta por alumnos de escuela y pequeños empleados, que luego de finalizar el trabajo diario se acercan hasta la sala para ensayar. Él los formó y cada domingo se encargaban de llegar hasta la plaza para tocar, con gran éxito. “Esta diversión cuesta al menos quinientos pesos, más o menos suma oblada por contribución vecinal y desembolso de la autoridad edilicia.” El cronista logra asistir al pequeño recital para comprobar que la banda era buena, sin muchas exigencias, pero que era para aplaudir como el director posibilitaba que estas personas pudieran alejarse de la vagancia. Una descripción sigue para quienes escuchaban la banda, las señoras y niñas se fatigan en una avenida mientras que los jóvenes se posicionaban cerca de los naranjos florecidos, en el frente dos oficiales toman fresco en la puerta de la comisaría mientras el comisario, con unos lentes descomunales, observa el bajo. Seis y media de la tarde y la banda toca marcha de salida para finalizar.

El cronista visita el cementerio, observando un pésimo estado, un mal delineado del jardín, la ausencia de una mano cuidadosa. Es más, “los cadáveres se entierran donde mejor le place a los deudos.” Saliendo del cementerio, el cronista comenzó a hablar sobre política, llamándole la atención cómo si la comisión recibía 1500 pesos mensuales se lanzaba a construir un mercado que costaba 40 mil, y que lo tenía paralizado a pesar de la ayuda provincial de 5000 pesos. Le asombraba también que la escuela fiscal no estuviera terminada, pero que a pesar de ello tenía inscriptos 400 alumnos con un promedio de asistencia del 92 por ciento. El director, Pascual Cherps Martínez, “tiene fe en los actuales miembros de la comisión” para poder terminar el establecimiento. Nuestro cronista alaba las clases de la escuela, la preparación docente y sus metodologías, siendo lastimoso que no se hubiera finalizado con la construcción, ya que en días previos casi es asesinado un niño de un disparo por una pelea en una casa vecina que lindaba al establecimiento escolar.

Es momento de los aspectos negativos, policía y política. El cronista recibe las quejas de vecinos acerca de la falta de vigilancia de los oficiales, que la policía resulta ser insuficiente. En cuanto a la política, se dedica un párrafo completo a los conflictos internos dentro de la comisión, donde se obliga a renunciar a los jóvenes independientes Alfredo Cáceres y Hércules Costa, impidiendo sumarse a Juan D. Peralta, provocando el cese de la comisión, que en acefalía pasa a ser comandada por Adolfo Antoni que buscaba llevar a la Villa la tranquilidad de otros años. Luego, al igual que en la nota anterior, podemos conocer un poco a los nombres que hacía a la vida comercial e industrial de Aguilares: Francisco Retondo con un gran campo de venta de azúcar, arroz, maíz y alfalfa; Miguel Ángel Agüero y su gran almacén, al igual que el de Miguel Perilli, con su casa que era “una especie de banco para los agricultores”. Seguía a él, don Manuel Carrizo con un almacén de venta de frutos pero con preeminencia de naranjas. Como nota de color el cronista se cruza Salvioli, autor de la “Guía del Norte” quien se encontraba junto a su secretario preparando el número de 1914. “Poco tiempo falta para el correo. Pongo pues, punto final y hasta otra”. Se despide el cronista, en la próxima entrega, una vista de Medinas.

Por Agustin Haro. Lic. en Historia, UNT.
FUENTE: Archivo Histórico de la Provincia de Tucumán, Hemeroteca, Diario El Orden, 16 de agosto de 1913

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