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Crónicas del ayer: así era Aguilares en 1913

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Aguilares.- Corría 1913, asumía la gobernación de la provincia el reformista conservador Ernesto Padilla, quien durante su gobierno realizó una serie de giras por el interior tucumano para supervisar las obras de progreso o dar cuenta de las necesidades de progreso de los distintos parajes y villas que constituyen Tucumán. El diario El Orden, aliado en gran parte de su gobierno, dedicó una serie de crónicas a contar los progresos y necesidades del sur tucumano a través de un cronista enviado a tal efecto. En sus líneas desglosó la vida en Aguilares, Medinas y Los Sarmientos. Comenzaremos esta serie de notas con una crónica sobre Aguilares publicada el 8 de agosto de 1913.

El cronista comentaba como el sur de la provincia progresaba con la gobernación de Padilla a pasos agigantados, siendo un claro ejemplo de ello Aguilares. Como dice, “su aspecto causa en el viajero una sensación agradable de bienestar, dando la impresión de una población bien trazada, en pleno desarrollo.” Con edificación nutrida, calles bien delineadas, el alumbrado, un intenso movimiento comercial con sus ingenios y arroceras, Aguilares era “una villa en inminencia de ser ciudad.” El cronista comentaba que iba escribiendo sus impresiones a medida que las recibía, sin necesidad de ordenarlas, traduciéndolas al lector tal cual las sentía con el acompañamiento del cura párroco J.M Santagne, quien “vierte en sus palabras cosas justas.”

Respecto a las calles el cronista decía, eran buenas, con ciertas falencias en las maderas de los puentes pero consideraba que la nueva Comisión de Higiene y Fomento (para entonces Aguilares no estaba municipalizado y sería lo que hoy consideramos una comuna), iba a poder arreglar esos inconvenientes. “Volvamos a mi paseo” nos dice el cronista que nos empieza a hablar del alumbrado, al cual califica de excelente. “Las columnas de la compañía Kitoson me prometen una luz clara y brillante, suposición que luego se confirma.” Respecto a la calle principal dice que es más bien una Avenida que divide a la población en dos partes. Es esta Avenida, desconocemos si se refiere a la Sarmiento o a la Mitre, se realizan todas las transacciones comerciales. Es el lugar de comercios mayoristas y minoristas donde por la tarde también ofrece un espectáculo singular para el cronista: todo el pueblo converge en él. Ya para ese entonces Aguilares contaba con una Biblioteca Popular, donde se podían observar una interesante serie de revistas, libros y diarios de todo el país que eran leídos en el más respetable silencio por los pobladores. Al preguntarle al presidente de la misma acerca de la cantidad de gente que se acercaba a la Biblioteca por mes, el “señor Peralta” le comentó, 250 personas. Queda sorprendido de manera poco grata al observar el estado de abandono de la casa que servía de morada al maestro de escuela.

¿Y la plaza? A nuestro cronista le pregunta si había visto la novedad, la comisaría. Comienza la descripción, se encuentra en uno de los extremos de Aguilares, pequeña pero con bonita perspectiva, con bosquetes de árboles que la hacen amena, alzándose en tres de sus frentes tres edificios: la comisaría, la capilla y una escuela (la primaria José Frías Silva). En la comisaría el cronista se lleva una grata sensación sobre todo luego de charlar con el comisario Velloso, que ya llevaba 26 años en la repartición. Los vecinos le comentan “es un buen hombre, honrado. Su proceder es correcto.”

Nos habla el cronista de industrias y comercios, dando cuenta del pedido del poblado para que se coloque una sucursal del Banco de la Nación. Entra al detalle profundo acerca del ingenio de Simón Padrós y Cia., su molienda, su azúcar (excelente), sus alcoholes (de primera línea). Toca el turno de las arroceras Hércules Costa y Cía. y Roberto Biscardi y Cía., que en sus molinos recibían la suma de quinientos mil y quinientos cincuenta mil kilos de arroz al año. Costa a su vez era representante de la cerveza Quilmes y tenía una fábrica de bebidas sin alcohol y sodas. Mientras que Biscardi contaba con una importante casa de venta de mercadería en general. Se destacaba también las casas de mercaderías generales de la viuda de Facundo Gómez y la del señor Nicasio Olmos, siendo tan conocidas que mucha gente de Aguilares y pueblos vecinos se acercaban a realizar sus compras. Cierra esta crónica con unas palabras para “don Casimiro Heredia”, propietario del Hotel Continental, donde anualmente llegaban de tres mil a tres mil quinientos pasajeros, siendo lugar donde tomaban vermouth “los mozos del pueblo”, donde se reunían los políticos y donde se daban las últimas noticias.

Y así se termina esta primera crónica de antaño que nos muestra una ventana hacia la vida cotidiana en Aguilares. Pronto la segunda parte.

Agustín Haro

Lic. en Historia, UNT

Foto: Escuela Jose Frias Silva – Guía de Tucumán 1928 – Biblioteca del Museo de la Casa Histórica

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