Inicio Locales Mi amigo, “el Forro”: “Félix era un buscador de amigos, andaba en...

Mi amigo, “el Forro”: “Félix era un buscador de amigos, andaba en bicicleta para conversar, para compartir con el otro ese gusto por las dos ruedas”

0
Foto Facebook Félix Almonte

El lunes 5 de noviembre del 2018, salí a pedalear con mi sobrino, queríamos llegar al Saltón, digo queríamos porque después de perdernos, de preguntar, y volver a preguntar en Santa Ana, cómo llegar, llegamos a la colonia ocho, y según nos dijo un señor descamisado de pantalón corto, desde esa colonia nos faltaban ocho kilómetros, para la colonia dieciséis, (para los que no saben en Santa Ana su territorio está dividido por colonias, que son conjuntos de viviendas que se hicieron en la época del famoso Ingenio de esa localidad) y de ahí debíamos doblar para lo derecha o para la izquierda, eso no me acuerdo, llegaríamos al lugar, que no llegamos porque un aguacero nos empapo, porque el camino estaba terrible de imposible, fue allí en ese momento cuando me vi en otra bici que no era la mía, que me acordé de él. Me acordé de él, porque fue quien una mañana de las tantas que me fui a cortar el pelo, que ya no sé si iba por cortarme o por verlo a él, pero fui, después de tocar el timbre de la calle Diego de Villaroel (en Aguilares), veo su silueta apareciendo por la pequeña puerta del fondo que me hace seña, y paso por el pasillo hasta su peluquería.

– “Hola forro cómo andas”. Me dice abriendo su boca para ver su sonrisa casi cerrando los ojos. (El acostumbraba llamar “forro” a todas las personas con quien trataba. Así que por eso todos le decían Forro a él).
– “Sentate”- señalando el sillón de peluquero. – “¿Cómo te vas a cortar?”, me decía, yo, ya en la silla mientras él daba la vuelta buscando la bata para cubrirme.
– “Bien cortito, forro”.
– “Bueno”. me decía él desde atrás, yo mirando el espejo al frente.
-“Forro vengo de Castillo vi una bicicleta por dos mil mangos una kawasaki”.
– “¿Te queres comprar una bici?”, lo decía mirando por el espejo, dejando de cortarme el cabello.
“Si forro, es que siempre ando en la de mi viejo y hay veces que sale el y me quedo con las ganas”.
– “Qué bueno forro, me alegro, pero no te podés comprar una Kawasaki, no podes, perdóname”, se tocaba el pecho y me miraba por el espejo.
– “¿Por qué forro, que no es una buena marca?” Le pregunté.

Hacía poco que había cobrado mi primer sueldo como profesor y quería cumplir el sueño de una bicicleta propia, y quería una de montaña, tampoco sabía de bicicletas.

– “No forro. No es una buena marca, mira te tenes que comprar una Zenith, la Zenith es el falcon (el auto) de las bicicletas, es una muy buena bicicleta”.
– “Si”, le decía yo viéndolo por el vidrio, para ese momento ya había terminado de cortarme bien cortito.
– “Si queres vamos mañana a Alberdi, Darnay abrió una bicicletería, me dijeron que tiene Zenith, vamos”.
– “Meta forro, ¿cómo hacemos?”, le preguntaba yo bajándome del sillón mirándolo a los ojos.
– “Veni mañana a las ocho, toca el timbre, vamos hasta la parada y nos tomamos un pirata. ¿Qué opinas? ¿Podes?”
– “Si puedo, mañana no trabajo a la mañana”.

Al otro día fui a las ocho toque el timbre, el salió y nos fuimos para Alberdi en un pirata, nos bajamos en la terminal, de ahí preguntamos por la nueva bicicleteria, cuando llegamos, pregunto el precio de las bicicletas, yo miraba, el charlaba con el dueño del local, el precio de las bicis era demasiado para mi presupuesto, yo tenía 3,500 pesos. Al final se compró una remera de ciclista en oferta por 100 pesos.

Cuando volvíamos en el pirata, el me decía, “forro, están caras, lo que pasa es que es una bicicletería chica, no tiene precios buenos, ándate a Tucumán, ándate a Casanova, ahí tienen buenos precios, o ándate al Cristo en Yerba Buena, creo que está Leira, tienen de todo”.

Yo como buen discípulo le hice caso y a la semana siguiente antes de que se me vaya la plata de las manos, porque me quemaba, le pedí a Yori, su auto y con Julio fuimos a Tucumán a comprar la bici, que la pague 3,450 pesos, era una Zenith.

Por supuesto a la tarde lo fui a buscar al forro para mostrarle la bici. Estaba cortando el pelo, le toque el timbre, el salió a ver, me vio en la Zenith naranja, se agarraba la boca de felicidad, estiró el cuerpo y a los clientes que estaban les dijo, “Ya vengo, es un ratito nomas”.

“Te felicito forro, está hermosa”, se subió y dio una vuelta por la vereda, “ahora no tenes excusa para no andar”, me decía.

Félix Almonte

Por esa época tenía la costumbre de andar en bici y contarle mis aventuras en la peluquería, por entonces tenía teléfono sin cámara, así que un día me fui a cortar el pelo, estaba contento, recuerdo que me senté en el sillón, el me dijo “lo de siempre” y yo le dije “Sí, Forro”.

“Forro, sabes que me fui a Escaba en la bici” le decía yo, “me fui solo porque no encontré con quien ir, salí ese día y no te encontré, fui por el camino de La Producción”, que es un camino alternativo que va desde Los Sarmiento hasta La Calera en Alberdi pasando por Santa Ana, yo le contaba y el me miraba por el espejo sin decir nada, cuando terminé el cuento él me dijo, “Muy bien, pero como te vas a ir solo forro, no vayas solo es peligroso”, hizo una pausa y me pregunto, “¿Tenes foto? Forro”.
Yo desconcertado por la pregunta le dije: “No forro, no tengo foto, pero fui en serio”.
“Forro”, riéndose con los ojos cerrados, “si no tenes fotos no fuiste, yo te creo, pero la gente no te cree”, me decía.

Otro día que volvía en la bici a Escaba con unos amigos me accidente, me caí de la bicicleta porque un auto, un Renault 12 de color rojo, me encerró y yo solo atine a tirarme al costado del camino pedregoso, le conté en la peluquería, me dejó terminar mi historia y me dijo. “Forro, si te dije, pero vos no me haces caso pégate al cerro de ida y vuelta, yo te dije pégate al cerro forro” y se reía abriendo los brazos con la tijera en una de sus manos.

Quien era “El Forro”

Foto Facebook Judhit Ponce

El Forro se llamaba Félix Almonte, era peluquero, y era un ciclista amateur. Su vida se dividía en dos hechos sociales, el primero era su trabajo, que lo realizaba por la mañana y por la tarde. El segundo hecho social lo realizaba a la siesta, de dos de la tarde en adelante, en esas horas donde muchos duermen la siesta, el Forro salía en su bicicleta de mountain bike, era desde luego una Zenith, modelo Riva de color azul. El y su bicicleta eran una marca registrada del circuito de bicicleteros de la ciudad de las avenidas, su ruta repetida era la avenida Mitre hasta llegar a la ruta 331 que une Aguilares con los Sarmientos, La Tipa y Monte Bello, si alguien andaba por esos lugares dándole a la pedaleada, seguro se encontraba con el Forro.

El entrenaba subiendo y bajando hasta Monte Bello, la primera vuelta la hacía hasta el final del pavimento de la ruta 331, las otras dos vueltas las hacía uniendo Malpaso, que es un cruce del arroyo Barrientos donde hay un puente con Monte Bello, era su rutina de entrenamiento, esto lo hacía si no encontraba con quien pedalear.

Porque Félix era un buscador de amigos, andaba en bicicleta para conversar, para compartir con el otro ese gusto por las dos ruedas. Yo lo conocí a través de mi padre que se cortaba el pelo con él, fue quien un día que vio cómo me habían asesinado la cabeza, me dijo “Anda el Forro, el te va arreglar eso que te hicieron en la cabeza”, al otro día fui, me arreglo el look, desde entonces me hice su cliente, desde entonces cuando me cruzaba en la ruta 331 él me decía desde su bicicleta, “¿Hola forro, a dónde vas?”.

Después que murió me costo salir a bicicletear, no lo podía creer, no podía creer que haya muerto, todavía no lo puedo creer. Pero desde entonces cada vez que agarré mi bici y le di hasta Monte Bello a la altura de Malpaso antes de llegar al puente, sentía un vientito que me pasaba por el lado y me daba vuelta buscando algo, pero no encontraba nada me acordé de él y su “¿Forro hasta dónde vas?” Como paso la ultima vez que anduvimos juntos, era un domingo de lluvia finita, de esa que te da modorra, de esa que te tira a la cama, y yo quería andar y me fui a andar en mi bici sin importar el clima, y como pasaba siempre, lo encontré cuando pensaba que no iba a encontrar a nadie esa vez nos encontramos en La Tipa yo iba subiendo el volvía de Monte Bello, me vio y se cruzó de carril, “¿Forro te animas de llegar hasta Piedra Blanca?”.

Ese día de lluvia finita llegamos a la loma que está al costado izquierdo de la montaña, que se llama piedra blanca porque en la cima hay una piedra gigante de color blanco desde donde se tiene una de las mejores vistas de Monte Bello y zonas cercanas, ese día bajamos y en la Tipa me dijo “¿Forro qué opinas si tomamos una cervecita, hay frente de la escuela?”, esa tarde nos quedamos sentados sobre la vereda tomando las cervezas hasta que llegó la noche.

Por Diego Armando Diaz – Profesor universitario en Letras

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here