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37 años después de la muerte de su hijo, recibió la única carta que le escribió en Malvinas

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“Queridos padres: Les escribo estas líneas, para decirles que estoy bien y espero que sepan dónde estoy y que no se hagan problemas porque no va pasar nada, rogándole a Dios. Estas líneas son para contarles que aquí hace mucho frío y que la comida es escasa y espero que esto termine pronto así estás más tranquila. Te cuento que el mes pasado nos pagaron el sueldo y cada uno sacó 20 millones y que pagan todos los fines de mes. Pero mandame el pulóver y un par de medias porque vamos a salir de licencia, todos los fin de semana si salimos de esta».

Quien quería tranquilizar a su madre y pedía un pulóver era Jorge Ludueña. Un chico de 18 años devenido en combatiente. Este párrafo pertenece a la única carta que escribió en la guerra antes de morir. Pero llegó a destino 37 años después. Su madre la dio a conocer esta semana.

Manuela Roldán recibió la peor noticia el 20 de mayo de 1982. Un comisario tocó a su puerta en Las Varillas, Córdoba, y le dijo que su hijo había muerto. No murió por heridas de guerra. Según le dijo, fue por «ingerir comida e mal estado». Ella no lo creyó. Aunque fue a visitar el cementerio de Darwin en las islas, y eligió otro final en esa historia. Que andaba perdido por Córdoba capital.

Jorge Ludueña, el «soldado» de 18 años.

Pero 37 años después, en una nueva casa en la localidad cordobesa de San Francisco, volvieron a tocar a su puerta.

Eran los hijos del suboficial principal Miguel Ángel Gaete, que murió hace cuatro años. Encontraron la carta durante una mudanza en Santo Tomé, Santa Fe. Según le dijeron a Manuela, Gaete la conservó porque nunca había logrado encontrar a la familia de ese soldado de 18 años.

La carta de Jorge Ludueña, el soldado de 18 años. (eldocetv.com)

“Es lindo, pero también me da mucha tristeza y bronca no haberla recibido antes. Esto me hace revivir todo –dijo Manuela en diálogo con ElDoce.tv–. Ahora tengo una parte de él aquí en mi casa». Manuela tiene 77 años. Los hijos de ese suboficial llegaron a a ella a través de los primos de Jorge. Una de sus sobrinas la llamó para preguntarle si estaba «entera» para recibir la carta. No le anticipó nada del contenido.

“Estoy bien, pero aquí hace mucho frío y la comida es muy poca”, confesaría Jorge párrafos más abajo. También pidió algo dulce en medio de tanta tristeza: “Espero que me manden una encomienda con masitas y chocolatines.”

La carta de Jorge Ludueña llegó a destino (eldocetv.com)

Tras el dolor de leer esa carta, Manuela imaginó los últimos días de su hijo antes de morir. “Ahora que veo esto, sospecho que nunca le llegó nada de lo que le enviamos”, detalló a ese medio. Tenía razón. Él lo dice en otra parte de la la carta.

«Querida hermana, te escribo estas líneas para decirte que estoy bien y que no te asustes por lo que está pasando, espero se arregle pronto así están más tranquilos. Estela mándame una carta por lo menos, que escriba la mami que hace mucho que no escribe. Cada vez que hay cartas espero una de ustedes, y cuando no me mandan me pongo triste. Estela cómo andas con el ‘Beto’, se llevan bien o andan a las patadas y la Marita cómo está grande, picuda no me extraña. Vos sabés cómo la extraño a la Marita hay soldados que extrañan a sus hermanitos y yo le dije que tengo una sobrina. Bueno Estela sin más nada que contarte saludos al ‘Beto’ y besos a la Marita y a vos chau hermana».

Manuela Roldán, madre de Jorge Ludueña (eldocetv.com)

Manuela va a encuadrar la carta. La pondrá en el comedor. «No tuve el coraje de leerla bien. Me la leyó mi nieta, Marita, (hija de Beto, quien falleció) que en ese momento tenía 3 años y era ahijada de Jorge», admitió en la entrevista.

Fuente Clarín 

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