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A bordo de una moto de 110 cilindradas, un joven tucumano recorrió 5500 km en menos de un mes

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Ni avión, ni colectivo, ni auto. Para viajar durante sus vacaciones, Gastón Yance, de 33 años, eligió su moto, una 110 cilindradas a la que le tuvo mucha fe, y que no le falló en ningún momento.

En total fueron 5500 kilómetros, desde la tarde que salió de su casa hasta la noche que volvió, 26 días después. “Es una moto chica que no está preparada para estas cosas, pero yo la quise poner a prueba. Tomé todos los recaudos y no tuve ningún tipo de sobresalto”, comentó durante una entrevista concedida a LV12.

A lo largo de su travesía, Gastón soportó temperaturas extremas y temió por su salud. “En la cordillera el frío es bajo cero, y sinceramente pensé que iba a quedar con daños permanentes. Después, en el desierto de Atacama el calor se hace realmente insoportable”, recuerda.

Pero todo valió la pena. A bordo de su fiel compañera anduvo por el norte de Chile, el sur de Perú, y luego atravesó Bolivia, para desembocar nuevamente en su hogar.

“Nadie me creía, las personas con las que conversaba en esos países pensaban que llegaba desde algún lugar cercano, hasta que veían la patente y les contaba la historia. Todos me decían que estaba loco”, señala con una sonrisa. “Incluso en un cruce fronterizo, en lugar de preocuparse por el trámite de migraciones se preocuparon por mi y por mi estado, me dieron chocolate y se portaron de 10”, confiesa.

Entre los mil detalles que tuvo que contemplar, Gastón no descuidó en ningún momento el combustible. El tanque de su moto está preparado para que recorra 130 kilómetros, por lo que cargó un bidón con 15 litros que lo acompañó todo el tiempo, mientras avanzaba a 70 kilómetros por hora, la velocidad máxima que alcanza ese rodado. Una verdadera locura, que parece ser tan solo la primera. “Ahora quiero hacer la ruta 40, me quedé con ganas de seguir explorando”, confiesa.

En los días que duró su travesía, Gastón nunca perdió contacto con sus familiares y amigos que lo esperaban en Tucumán, y mientras intercambiaba mensajes había una pregunta que se repetía constantemente. “Todos querían saber cómo me sentía físicamente, me preguntaban si me dolía alguna parte del cuerpo o si tenía alguna parte que esté más afectada que otra, y yo siempre les contestaba con una foto que me saqué durante el viaje”.

Fuente El Tucumano

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