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Abel Pintos: “la música es mi forma más certera de hablar”

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Abel Pintos vuelve a la provincia convocado por el XXIII Festival Atahualpa, en el Club Central Córdoba de la capital tucumana, donde abrirá la primera de las tres noches.

El artista bahiense recorre desde hace más de dos décadas el camino de la música, a través de siete discos, varios premios, festivales, giras y estadios llenos.

Pintos ya lo ha probado: puede encantar por igual a unos cuantos en un VIP tanto como a 40.000 personas en River Plate. “Cada lugar te da herramientas distintas para poder entregar conceptos de concierto distintos. En un auditorio de 100 personas podés lograr un concierto único que no lograrías en un estadio, y viceversa. Pero ni uno ni el otro es mejor o peor”, afirma en dialogo con el diario La Gaceta.

– En el contexto del Atahualpa, ¿establecés diferencias en tu show?

– Con absoluta naturalidad porque el público me vio crecer en los festivales y supo siempre que yo hago en el escenario la música que siento hacer en esa etapa de mi vida. El folclore siempre forma parte mi repertorio de festivales: por eso disfruto mucho de formar parte de estos escenarios, que son tan valiosos, con los que me siento tan agradecido.

– ¿Cuál es el misterio que encierra la creación de tus temas, en los textos, en la música? ¿Hay algunas claves?

– Desde ya que no hay claves para trabajar en el arte y para que se genere la conexión que uno desea generar con los demás. Es verdaderamente misterioso el porqué gustamos de la música que gustamos. Considero la música como un idioma muy sensible y capaz de sensibilizarnos de una manera maravillosa y profunda. Aprendí a utilizar ese idioma para decir mis cosas: es mi forma más certera de hablar y agradezco profundamente haber podido aprender a hacerlo de esa manera. Pero no tengo una fórmula para componer canciones ni tengo una fórmula para crear el concepto de lo que vaya a ser lo nuevo. Simplemente en cada disco reflejo una emoción, una espiritualidad, un conocimiento empírico de la vida y del camino que voy recorriendo.

– Pero había unas herramientas que estaban en vos para que hayas podido entablar tan tremenda conexión con el público.

– Te agradezco, pero las herramientas se cultivan porque conforme uno esté conectado con las personas y con los hechos que lo conmueven en la vida, y con sus emociones, uno va a trabajar cada día las herramientas inspiradoras y emocionales. Luego, conforme uno dedique tiempo y esfuerzo al estudio técnico de las cosas; que estudie literatura, comprensión de textos o haga talleres de poesía; que estudie música; todo el conocimiento intelectual también es cultivable… Todas son herramientas para poder construir y agregar eso que sí viene del sitio más misterioso, que es el alma de cada uno.

– Al mismo tiempo tanta conexión es una responsabilidad para vos. ¿Lo sentís como una presión? ¿Cómo lo manejás?

– La verdad es que no me resulta una presión en absoluto. No siento presión en las cosas que me hacen bien, como es la música. Sucede que el camino es: en una canción digo lo que necesito como ser humano respecto de mi aprendizaje y de mis procesos. Eso es lo que comparto con los demás a través de una canción. Luego alguien va a tomar ese gráfico de lo que estoy sintiendo, de repente se va a sentir identificado, y lo va a convertir en su propia bandera. A mí eso me parece mágico y profundamente conmovedor. pero no es cierto que yo escriba una canción pensando en lo que a vos te pueda estar pasando. No tengo manera de saberlo; si lo supiera estaría manipulando tus emociones, y no me parecería para nada correcto.

– ¿Cómo es tu interacción con tus músicos? ¿Cuántos te acompañan?

– En gira somos 22 personas entre músicos y técnicos. Con la mayoría de ellos, salvo saxo y trompeta, llevamos 15 y hasta 20 años tocando juntos. Es un buen equipo de trabajo; los admiro mucho y además contamos con una buena convivencia, nos divertimos y disfrutamos mucho de lo que hacemos.

– ¿Esa es la “Familia que festeja fuerte” (nombre de la gira 2018)?

– La familia somos todos. De alguna manera formamos parte de ese momento tan especial que es el encuentro en un concierto en vivo. Nos tratamos con mucho respeto, nos cuidamos entre todos; no hay prejuicios. Hay una libertad musical y emocional enorme, y eso hace que podamos disfrutar de la música cada uno desde su lugar, y que seamos felices haciéndolo.

– Tu agenda es vertiginosa. ¿Cómo sigue?

– El 15 de septiembre comienzo mi primera gira por Latinoamérica (tendrá escalas en Lima, Bogotá, San José de Costa Rica y México). En octubre hacemos gira por ocho ciudades de España. Después vuelvo a Argentina. (NdelaR: para fines de octubre ya se habrían agotado las entradas para cuatro shows en Obras y el 24 de noviembre lo espera el Estadio Único de La Plata).

– No parás. Te sobra energía.

– Sí, tengo la energía y me siento un privilegiado porque el público me brinda la posibilidad de cantar cada día, de dar conciertos. Y todo eso es mágico.

Fuente La Gaceta

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