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Adiós a Marcelo Cruz, el hombre que vendió su moto para ayudar a afectados por las inundaciones del 2017

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“Señores Emilio Luque, Chango Más, Gómez Pardo, Súper Vea, o cualquier empresa que le interese mi propuesta, la cual es la siguiente: por favor se los pido de corazón, permuto mi moto, una Yamaha ybr.125 roja año 2014.08. Se firma al acto por un monto de 25 mil pesos en mercadería. Ejemplo: agua, galletas, picadillo, caballa, cornebet, leche en polvo, mate cocido en saquitos, fiambres, pan, papel higiénico, toallitas femeninas, pañales chicos, medianos, grandes, velas y alimentos para los perritos. Por favor, todo será donado, no me quedaré nada y le pido al señor intendente de Banda del Río Salí, Darío Monteros, me ayude a llevarles las cosas si lo consigo. Por favor compartan así entre todos ayudemos a nuestros hermanos damnificados del sur tucumano que la están pasando rere mal por Dios. No tengo más que dar que mi moto y lo hago de corazón!!!“.

El mensaje escrito con mayúsculas, como un grito desesperado ante tanta tristeza, fue escrito por las manos de Juan Marcelo Cruz y publicado en el muro todavía activo de su cuenta en facebook. Lo hizo el 3 de abril de 2017, durante las inundaciones que golpearon como pocas veces al sur tucumano y con esta historia que conmovió al país hace dos años. Una historia que empezó a escribirse aquella mañana de abril y que hoy recuerda Sebastián Ávila, el primo hermano de Juan Marcelo Cruz, quien falleció el lunes 8 de abril: “Hoy se fue una gran persona que en el 2017 regaló su moto para ayudar a las gentes del sur por las inundaciones. Nos dejaste una enseñanza (dar sin pedir nada a cambio). ¡Qué corazón tuviste primo/hermano! Te vamos a recordar siempre hasta pronto y descansa en paz. Fuerza para mí prima. Mis primos y principalmente para mi tío en esto momentos tan difíciles. Luchaste como un gran guerrero. Marcelo Cruz presente“.

Anoche, Sebastián habló con el portal de noticias El Tucumano, repasó la historia del primo, hizo pausas durante su relato, pero se sobrepuso y siguió. “Y su partida fue un golpe bien duro, bien bien bien duro. Nadie se acordó de él”, dice desde su casa, a diez cuadras de donde vivía el primo en el barrio El Sol con Liliana, su señora, y los cuatro hijos, a quienes un mediodía les dijo qué es lo que tenía decidido hacer: vender la moto y con la plata comprar mercadería para los inundados: “Mi primo siempre fue solidario, desde chico. Él estuvo en el ejército, en la marina, les enseñaba artes marciales gratis a los chicos en una escuelita de Lastenia, todo lo hacía para sacarlos de la droga. Cuando les contó el plan, todos lo acompañaron. Y no tenía otra moto, ¿no? Cuando la vendió, andaba a pie o en colectivo, pero sobre todo a pie”.

Nadie se hizo eco de aquel mensaje escrito por Cruz hace dos años. Poco le importó: “Vendió la moto a un vecino de la Banda por 25 mil pesos. Con toda la plata junta fue a un Gómez Pardo sin chistar, con su familia. Antes la plata te rendía mucho más que ahora y gastó hasta el último centavo en mercadería: principalmente compró muchas aguas en botella, velas, toallitas femeninas, alimento para los animales. Cuando llegó a la caja no dijo el motivo ni nada, no se hizo quedar nada. Siempre inculcaba que había que dar sin recibir nada a cambio. Ayudaba a mucha gente de bajos recursos. Sólo le pedía a Dios que lo ayudara a salir adelante. Era un corazón de lujo el Flaco“.

Cargado de bolsas para llevar al sur, Juan Marcelo Cruz viajó a repartir la mercadería en silencio: “Llegó y la gente, en medio del drama, no dejaba de sorprenderse con lo que estaba haciendo. Mi primo era pintor de casas, no le sobraba nada. Cuando volvió del sur, me contaba lo lastimoso que había visto, cómo le daban ganas de llorar, cómo la gente le daba fuerzas, le agradecía por todo lo que había hecho. Porque yo te digo una cosa, amigo: si yo tengo una moto, yo dudo en hacer lo que hizo él, si vos tenés una moto, ¿harías lo que hizo él?”.

Hace poco tiempo, Juan Marcelo y su papá Juan Carlos conversaban sobre lo que había pasado: “Viajaban juntos a todas partes, rogaban que no volviera a pasar lo mismo que hace dos años. Quería seguir ayudando, pero empezó a bajar mucho de peso. Todas las mañanas iba al médico, hasta que la enfermedad avanzó sin piedad, y se lo llevó muy joven, con todo en esta vida todavía para dar, con su legado intacto que continuará en sus hijos, en su señora, en todos nosotros en su familia. Eso es lo que él hubiera querido: que la gente lo recuerde así como lo que fue: un gran compañero, un enorme ser humano que dio todo en vida, hasta lo que no tenía, sin esperar nada a cambio”.

Fuente El Tucumano

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