Inicio Sociedad Homenaje a Malvinas a 3.500 metros de altura

Homenaje a Malvinas a 3.500 metros de altura

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La Patria es de todos y se construye día a día. Jamás hay que renunciar a soñarla mejor. Es necesario preocuparnos menos y ocuparnos más de hacer lo que esté a nuestro alcance por merecerla.

Estas ideas pertenecen a Sergio Pastor, ingeniero civil y amante de las travesías en moto. Emprende viajes aun cuando sufre de fuertes dolores en las articulaciones y en la columna, que lo acompañan desde los 10 años. El fin de semana que pasó se lanzó a una cruzada diferente pero sin “su negrita”.

Junto a un grupo de motociclistas se dispuso a llegar hasta el Salar Tolillar, de Salta. El motivo: encontrarse con un viejo avión que alguna vez formó parte de la flota del conflicto de Malvinas. Se lanzó hacia esas tierras para reencontrarse con ese pasado y dejar una bandera argentina.

La odisea se inició unos meses antes, cuando a Sergio le llegó por WhatsApp un video del año 2006. Allí se veía que un grupo de personas que viajan en camionetas 4×4 ponían una bandera de Argentina en el sitio donde había caído un avión, en el salar salteño. La nave era un El A-4B Skyhawk matrícula C-209, que durante el conflicto de Malvinas había formado parte del escuadrón III del grupo 5 de caza con base en Río Gallegos. No tenía muchos más datos, pero Sergio supo que debía hacer algo con eso. Y cuando uno tiene una motivación, no hay dolor que lo supere. A Sergio, el país le duele más que las articulaciones.

Se puso en contacto con el experimentado endurista Ruly Becker y juntos fueron diseñando la travesía. Quería dejar una nueva bandera; Sergio había visto que la que aparecía en el video estaba caída. Tenían que llegar al avión, y para ello diseñaron sus coordenadas. Armaron un grupo de WhatsApp invitando a quienes, en moto, podían sumarse al viaje. Estaban dispuestos a llegar al Tolillar y encontrarse con los restos del avión. Llevarían la bandera. Su objetivo no era lograr un récord, sino hacer algo por el país.

Fue entonces cuando Sergio pensó que debía contactar al piloto que había sufrido el accidente. Así encontró a (el actual brigadier mayor) Oscar Charadía; le contó el plan de viajar al Tolillar. Y Oscar, motivado por su hijo Fernando, se decidió a enfrentar algo que sentía inconcluso y se sumó al grupo. Viajaría por tierra para completar aquel vuelo que había quedado trunco el 23 de junio de 1994. Sergio viajó en “su negrita” -como llama a su moto- a Buenos Aires y buscó la bandera que le entregaría al piloto.

El sábado 28 de septiembre partieron desde Tucumán: un grupo iba en moto y Oscar y su hijo, en su vehículo. Todos rumbo al Tolillar. Sergio portaba la bandera y una escultura alegórica de un Skyhawk A4B que él mismo había diseñado y mandado a fabricar con un herrero. La escultura tenía un sentido. Sergio pensó que el avión podría haber sido desmantelado por los saqueadores de aluminio. Sería una verdadera pena que el piloto no encontrara nada 25 años después de su caída. Con la escultura habría un lugar en donde colgar la bandera.

Al llegar a los 3.500 de altura, aproximadamente a unos ocho kilómetros al oeste de la entrada a Laguna Blanca, sobre la ruta provincial 43, que lleva a Antofagasta de la Sierra, el grupo se detuvo. En ese lugar Sergio traspasó la bandera que había traído en su moto desde Buenos Aires y se la entregó a Oscar, para que él la llevara a su destino final en el salar Tollilar, junto al grupo de motociclistas que con su experiencia, equipamiento, conocimiento de esa zona, podían hacer posible también que se completara la travesía.

El domingo 29 de septiembre, y después de hacer noche en Antofagasta de la Sierra, el grupo emprendió el tramo hacia el salar. Seis personas en moto y dos de ellas, el piloto y su hijo, en camioneta. Atravesaron distintas dificultades del terreno de la zona y después de recorrer 187 kilómetros llegaron al lugar donde estaba el avión. Allí encontraron sólo el motor y los restos de un ala. Y colocaron la nueva bandera.

Testimonio

Cómo contó el piloto el accidente

Lo que sigue es el texto exhibido, junto al asiento que no eyectó del cazabombardero, en el Museo de la V Brigada Aérea, de Villa Mercedes, San Luis:

“Luego de 1:40 de vuelo el motor de mi avión se detuvo. Me negaba a creer que el motor se había plantado. Luego de dos intentos fallidos, me convencí de que el noble motor J-65 no iba a encender. El paisaje abajo era poco alentador, lleno de cerros y montañas. Traté de mantener 200 nudos de velocidad y pensando en mi eyección, vi a mi izquierda un claro y viré en esa dirección. Con 15.000 pies de altitud tiré nuevamente con todas mis fuerzas y luego accioné la manija inferior pero nada pasó. Apliqué presión de palanca atrás y dejé que el avión se apoyara en los tanques externos que funcionaron como esquíes. Comencé a sentir sacudidas y una fuerte desaceleración. Para entonces ya no me quedaba adrenalina para destilar; cerré los ojos esperando lo peor. Finalmente el avión se detuvo. No dudo ni dudaré que fue la ayuda de Dios la que me permitió salir ileso de un accidente donde los manuales no aseguran supervivencia alguna para el piloto. Me apresuré a salir del avión. Inmediatamente sentí el intenso frío y un fuerte dolor de cabeza. Me encontraba a 11.000 pies de altura, apunado y con 10 grados bajo cero de temperatura. ¡Cómo me arrepentí de haberle entregado la campera al mecánico antes de subir al avión!

Ubicación

El Salar Tolillar queda en la puna salteña a una distancia de:

187 km desde Antofagasta de la Sierra.

700 km desde Tucumán.

400 km desde Salta.

El grupo

Los aventureros fueron Ruly Becker, Gustavo Plaza, Daniel y José Vargas, Alvaro Hernández y Juan Pablo Sánchez Noli.

Fuente La Gaceta

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