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Juntaron medio millón de botellas plásticas y cambiaron los hábitos de sus familias y vecinos

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DANDO EL EJEMPLO. En cada aula de la escuela El Corte hay un gran papelero hecho con botellas plásticas. LA GACETA / FOTOS DE ANALÍA JARAMILLO.-

Ya no son “Nicol, la hija de la kiosquera”, ni “Lautaro, el hijo de doña Nelly” o “Daiana, la que vive en esa casita blanca de la esquina”. Nicol, Lautaro, Daiana y 30 alumnos más de la Escuela Secundaria El Corte son reconocidos en la ciudad de Alderetes, ubicada al este de la capital tucumana, como “los chicos de la Brigada Ecológica”. Después de un trabajo de hormiga que duró más de un año, el proyecto “Reciclando vida” se hizo conocido por los vecinos de distintos barrios. Los primeros resultados ya se ven en las calles: la basura tirada ya disminuyó el 50%, constataron los brigadistas.

El proyecto tuvo alto impacto en las redes sociales. Autoridades de la Dirección de Medioambiente de Buenos Aires, del partido de Mar Chiquita, se enteraron de la aventura ecológica de los tucumanos y los invitaron a dictar charlas en las escuelas de la Costa Atlántica. Los alumnos ya están de viaje.

“El proyecto surgió en 2017. Comenzamos observando que había demasiada basura por todos lados, hasta en los lugares turísticos. La gente tiraba botellas y bolsas plásticas y papeles de golosina por cualquier lado, sin importarles nada. Decidimos enfocarnos en las botellas. El 2 de mayo del año pasado abrimos la recepción de material en la escuela. Conseguimos rescatar 62.000 botellas plásticas. Tuvimos mucha repercusión en las redes sociales. Nos felicitaron de distintas organizaciones ecoambientales. Eso nos alentó a seguir nuestra tarea e iniciamos una gran campaña para mostrar los volúmenes de plástico que genera la población y así tomar conciencia del daño que le estamos haciendo al río, al suelo, a la fauna y al aire cuando tiramos o quemamos esa basura”, explica el profesor de Educación Física Sebastián Rodríguez.

MANOS A LA OBRA. Los alumnos depositan los plásticos.-

Los primeros en concientizarse de la importancia de cuidar el ambiente fueron los propios alumnos. “Yo no sabía del daño que causaba el plástico al planeta. Cuando me dí cuenta casi me largo a llorar”, confiesa Rocío Orellana, de 17 años.

“Todos los días salíamos a juntar botellas por las calles y nuestras propias casas se convirtieron en puntos verdes de recolección. Los vecinos ya nos conocen y saben que somos de la Brigada Ecológica. Por ahí yo no estoy en casa, y mi mamá me cuenta que llegan vecinos que no conocemos a traer su bolsa con botellas”, cuenta con mezcla de entusiasmo y orgullo Daiana Morales, de 16 años.

Hay 40 centros de recepción de botellas de plástico cristal distribuidos en distintos barrios. Cada centro está ubicado en la casa de un alumno. A la entrada tienen un cartel que dice: “aquí se reciben botellas plásticas”. Además ya se realizaron ocho encuentros de ecocanje, en los que se reciben bolsas con botellas de toda la comunidad.

MUESTRAN LAS BOTELLAS.-

Las profesoras de Biología Aronzina Carrizo; y de Matemática María Carrizo, la psicóloga Cristina Berni; el profesor de Geografía Atilio Medrano y hasta la directora Mariela Mansilla participan con entusiasmo del proyecto.

Llegaron a juntar medio millón de botellas. “Todo el material se compacta (lo hace una empresa dedicada a ello) en cubos de 300 y 500 kilos. Luego la misma empresa realiza el traslado al puerto de Buenos Aires desde donde sale con destino a China. Allí los cubos se reciclan y se transforman en artículos como partes de celulares, automóviles, tela polar para confeccionar, mobiliario y juguetes”, cuenta Rodríguez.

Todo el dinero obtenido de la venta de las botellas es reinvertido en el proyecto ecoambiental. Con ello se pudo comprar bicicletas de recolección de material y tachos de basura para ser donados en clubes y otras escuelas. Ya pusimos un tacho grande en la plaza principal de Alderetes.

Recorrida de un alumno por las calles de Alderetes.-

“El 15 de marzo nos sumamos a la huelga mundial por la emergencia climática. Ese día recorrimos Alderetes de punta a punta y pudimos constatar que la basura había disminuido un 50%”, afirma emocionado el profesor.

“Yo sé que es poco lo que hacemos, en comparación con lo que falta. Pero de a poco se comienza. Queremos ser la generación que haga el cambio, en bien de la humanidad”, resume Joel Sosa, de 18 años.

Daiana

“Mi mamá hace macetas y portalápices con las botellas

“En mi casa están todos concientizados de la importancia de no tirar plásticos en la calle. Mi mamá no sólo junta las botellas sino que además fabrica macetas y portalápices con ellas. Todos los vecinos de mi barrio, Teresa de Calcuta, me llevan sus botellas a casa. Yo ya soy como la referente del barrio en el tema de la educación ambiental”, cuenta con orgullo la joven Daiana Morales (16 años).

Lautaro

“Yo le enseñé a toda mi familia a separar la basura”

“Comencé en diciembre del año pasado y durante todas las vacaciones seguí en mi casa separando la basura. Hoy en mi casa todos saben que tienen que clasificar la basura entre vidrio, papel, botellas plásticas y elementos orgánicos, antes de llevarla al lugar por donde pasa el camión recolector, a dos cuadras”, cuenta Lautaro Peralta (12 años), que vive en un barrio que no tiene recolección domiciliaria.

Joel

“Ahora veo la basura de la calle que antes mis ojos no veían”

La primera vez que salió a buscar botellas de plástico con sus compañeros de proyecto sufrió una especie de “conversión espiritual”, dice Joel Sosa (18 años). “Yo no me daba cuenta de la cantidad de residuos que tiramos en la vía pública. Recién cuando empecé el proyecto tomé conciencia del daño que causa al medio ambiente y mis ojos pudieron ver la basura de la calle que antes no veía”, confiesa.

Fuente La Gaceta

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