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La lucha de una tucumana: una enfermedad la convirtió en fabricante de alimentos

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LA FACHADA DEL EMPRENDIMIENTO. Silvana García con los productos para celíacos que fabrica. la gaceta / foto de franco vera

Aunque pueda parecer contradictorio, el diagnóstico de una enfermedad crónica implicó una oportunidad emprendedora para Silvana García. Esta tucumana, que en 2007 estuvo internada por un cuadro de desnutrición aguda, supo que era celíaca tras dar a luz a su primera hija. Impulsada por la necesidad, empezó a experimentar recetas propias sin gluten, la proteína que su cuerpo rechaza. Más de 10 años después, tras dejar el trabajo que tenía, es propietaria de “Tucumán Celíacos”, una fábrica de alimentos caseros para celíacos.

“Me sacaron el apéndice y la vesícula. Hasta me llegaron a decir que tenía leucemia”, recuerda García en su local ubicado en el barrio El Bosque de San Miguel de Tucumán. En las idas y vueltas del diagnóstico, alguien mencionó la celiaquía. Fue así que, tras años de visitar especialistas, los estudios y facultativos corroboraron la enfermedad.

La emprendedora asegura que lo único que le sugirieron en ese momento es que debía eliminar el pan de trigo de su dieta. De esa forma -aún desinformada sobre las implicancias de su patología-, siguió consumiendo otros productos que contenían gluten. “No mejoraba, seguía recayendo constantemente. Fue entonces que comencé a investigar por mi cuenta y me propuse aprender a cocinar para mí ya que en ese momento la única opción que tenía eran unas galletas de arroz sin sabor”, relata.

Ocurre que, además de eliminar los alimentos con trigo de su alimentación, los celíacos tampoco pueden consumir avena, cebada y centeno: todos son cereales que también contienen gluten. Su ingesta les ocasiona una atrofia en las vellosidades del intestino delgado, lo que les provoca daños severos en el organismo y una amplia variedad de síntomas molestos.

“Compré las primeras harinas aptas y comencé a cocinarme. Mi familia probaba los productos y sugería cambios. Y así fue que empecé: a prueba y error, a prueba y error”, repite. Sin embargo, el emprendimiento nació cuando su madre comentó a los vecinos sobre la actividad “gastronómica” que estaba desarrollando. “Otros celíacos empezaron a pedirme que les vendiera panes sin gluten. Yo no podía hacerlo porque trabajaba, por lo que producía de más para mí y comercializaba el excedente. Y así seguí hasta que me la jugué, dejé mi trabajo y me dediqué de lleno a esto”, narra mientras observa el mostrador donde exhibe sus productos.

Antes de emprender, García era secretaria en un estudio contable. Había comenzado a trabajar allí después de pasar un tiempo estando desempleada. En esos años, además de haber sido diagnosticada como celíaca, se había separado de su primera pareja. En un momento de su vida donde todo parecía desalentador, aprovechó su talento con la cocina sin gluten y decidió iniciar el negocio.

“Apliqué a mi proyecto los aprendizajes que adquirí con mi experiencia en la contabilidad. Me ayudó muchísimo, soy muy ordenada con la administración de todo”, reflexiona. Luego, cuenta entre risas: “quien era mi jefe ahora es mi contador: le pago para que me lleve las cuentas. De ser su empleada pasé a ser su clienta, ¡qué cosa las vueltas de la vida!”.

Crecer desde abajo

La mujer inició su emprendimiento en una casa que alquilaba en la zona norte de San Miguel de Tucumán. Recuerda que, para hacer sus primeras recetas, debía efectuar una profunda limpieza de las mesadas de la cocina para evitar cualquier contaminación con los productos con gluten del resto de su familia. “Trabajaba con una batidora de mano pequeña. Incluso, usaba un horno viejo que me había prestado una vecina. Tenía que poner la mitad de un palo de escoba en la puerta para que no se cayera. Ni con todas esas dificultades me acobardé para seguir adelante”, reflexiona.

Cuando menos lo había pensado, García ya tenía dinero suficiente para alquilar un lugar más grande para vivir con sus hijas y continuar su emprendimiento. Ahorró lo suficiente, y se compró su primer horno pastelero y una mesa de acero inoxidable. “Todas las inversiones que hice y hago son con mis propias ganancias. No me gusta pedir nada a nadie”, precisa García, quien también especifica -con modestia- que pudo comprar su primer auto gracias a esta actividad.

Una última mudanza la llevaría a su ubicación actual, donde finalmente pudo cumplir un viejo anhelo: separar las cocinas del local de las de su casa. “Acá (en el barrio El Bosque) alquilamos los dos pisos de este solar: arriba vivo con mi familia, y abajo me dedico exclusivamente a la producción y a recibir clientes”, detalla.

La propietaria de “Tucumán Celíacos” admite que le cuesta verse como emprendedora. “Yo suelo decir que vendo alimentos para celíacos. Luego viene mi marido y responde que no, que tengo un negocio emprendedor muy importante. A veces no caigo”, confiesa. Asimismo, se queja de las numerosas dificultades burocráticas que le impiden crecer, así como de los problemas que existen para acceder a créditos. “De todos modos, me gusta ser independiente y prefiero no deber nada a nadie”, se consuela.

García calcula que, al día de hoy, tiene aproximadamente 500 clientes, tanto celíacos como personas que no lo son. Además, es proveedora de alimentos sin gluten en distintos bares y hoteles tucumanos, y ya consiguió emplear a dos asistentes de cocina. Su siguiente paso es adquirir su casa propia e instalar un bar que funcione los fines de semana. Pese a sus progresos, conserva la timidez y prudencia del principio: “no me gusta mucho la exposición, además de que temo por la inseguridad. Prefiero mantener el perfil bajo. Estoy bien así”. (Por Juan Martín de Chazal)

LA RECETA DE “TUCUMÁN CELÍACOS”

1. Un producto de buena calidad es la mejor publicidad

Silvana García insiste en que el “boca a boca” es su mejor táctica para darse a conocer. “Hasta los médicos me recomiendan. Todos los que vienen reparten mis cartas de presentación porque les gustan mis productos. Así, recibo de dos a tres clientes nuevos todos los días”, cuenta.

2. Escuchar y sentir empatía con los clientes

Al llegar a su local, además de comprar diversos productos sin gluten para seguir sus dietas, los clientes cuentan a García sus historias personales con la celiaquía. “Acá escuchamos mucho a las personas que vienen, entiendo mucho sus sufrimientos porque yo también los padezco”, relata.

3. Llevar las cuentas claras y ordenadas

La fundadora de “Tucumán Celíacos” asegura que a partir de su emprendimiento paga servicios e impuestos; mantiene a su familia, e invierte en maquinaria e insumos. “Me administro bien, eso es lo principal. Si no sabés hacerlo, resulta difícil progresar”, aconseja.

4. No acobardarse ante las dificultades

“Empecé de cero, hasta con cosas prestadas. Todo era tan difícil… ¡Debía limpiar durante horas mesadas y ollas para que mis productos no se contaminaran con gluten”, recuerda García. Y enseguida agrega: “pero nunca me acobardé y seguí adelante. A veces no caigo al ver todo lo que logré”.

Fuente La Gaceta

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