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Crónicas del ayer: Les dejamos la segunda parte de “Así era Medinas en 1913”

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Tucumán.- Volvemos a tomar la palabra del cronista del diario El Orden en sus viajes por el interior de Tucumán. Esta segunda entrega de Medinas comienza hablando acerca de “algo salvaje”, lo que llama el “pulpo de la desidia” visto desde el matadero que le llevó a pensar en la iniquidad que se cometía contra los animales: un proceso que implicaba horas atado al sol en un horcón, ser soltado, enlazado y exhausto, acuchillado. Esta carne, se queja el cronista, es la que comen los pobladores, “supongo que no por su gusto.” Otra queja alarmante resultaba ser la queja a la Comisión de Higiene y Fomento por una aparente epidemia de piojos entre los habitantes de la Villa.

En cuanto al dispensario antipalúdico, “presta sus servicios en estos lugares más o menos bien. El personal también más o menos activo. La eficacia de su acción es relativamente, más o menos buena. En una palabra, este servicio público es más o menos tolerable.”

Antes de regresar a Aguilares se acerca hasta el mercado de Medinas a pedido de un juez de la zona, lo descubre como bastante bueno pero con detalles malos en el edificio pero que a la población “puede llenar satisfactoriamente las necesidades.”
Parte de aquí a un bazar de caridad que un viejo conocido le comenta y que recibe el nombre de “la rifa”. Este espacio se constituye en una “vieja pieza” que da a la calle donde unas jóvenes venden unas “cedulitas” de rifas para colaborar en el próximo acto del 24 de Septiembre. Entre los productos a ser rifados, el cronista enumera: medias a crochet, una cofia, peinetones, horquillas, floreritos, zapatos, centros de mesa. El cronista del diario compró varias cédulas y sorpresivamente en la rifa ganó varios de los productos (ocho según comenta), que los repartió nuevamente a las jóvenes. El viaje a Medinas se cierra con imagen muy pintoresca: “Tiene todo esto un sabor colonial que encanta”

Por Agustín Haro – Licenciado en Historia (UNT)

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