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La empresa tucumana de zapatillas que desafía a la crisis

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Gerf es una empresa que nació en Concepción hace casi tres años. Emplean a unos 40 trabajadores. Y en su recorrido, debieron sortear muchos obstáculos: desde que no quisieran vender el producto en los locales de venta de calzado hasta la estrepitosa trepada del precio del dólar. Con imaginación y ética empresarial, lograron sobreponerse. Este lunes, muchos tucumanos pararon en Muñecas primera cuadra en San Miguel de Tucumán al escuchar, por altavoces, la historia de la firma que busca que los pies tucumanos le den una oportunidad.

La fábrica surgió como un emprendimiento familiar. Santiago Rocchia y Sofía Salvatierra eran novios en aquel momento. Y decidieron concretar el sueño del padre de él, que es emprendedor y financió el proyecto: una fábrica de calzado. De a poco, empezaron a probar. Llenaron una caja de errores que aún conservan: modelos que no convencían, zapatillas que se rompían en las máquinas de producción por falta de práctica.

Cuando finalmente tuvieron el producto que buscaban, se encontraron con un nuevo desafío. «La idea era en ese momento que nosotros produzcamos y vendamos por mayor. El proyecto de los locales propios surgió después ante la negativa. Porque no había ningún comercio que se quiera arriesgar a comprar un producto que nadie lo conocía, no conocían la calidad; creemos que también iba por un momento del país en el que había bajado mucho el consumo. Era el momento en el que vos veías en las noticias que cerraban las fábricas. Y nosotros estábamos inaugurando. Era medio complicado», cuenta Sofía, que está a cargo del área de desarrollo de productos y que destaca que el objetivo es mantener precios accesibles con calidad excelente.

«Ante la necesidad de vender surgió esta propuesta de venderlos nosotros por menor. El primer local que abrimos ha sido una locura de nervios. Uno no sabe (la reacción), sabés que estás trabajando con la mejor materia prima pero no sabés la respuesta de la gente», explica la joven, que detalla que el de San Miguel de Tucumán es el quinto local que abren, con productos tanto infantiles como para adultos.

El tiempo pasó y en Concepción comenzaron a ganar terreno. En medio de todo, se casaron. «En general trabajamos mucho juntos los dos, que también es bastante difícil trabajar en pareja, muchos nos decían no se metan en esa, pero nos llevamos muy bien», celebra.

También destaca que una herramienta clave fue la difusión 2.0. «Tenemos un público en redes sociales que es muy fiel, que ha comprado la industria tucumana, la ha probado y le ha gustado, como que apuestan a eso», agrega. «Es una historia, lo que vendemos son zapatillas con la historia de nosotros, de Tucuman, tenemos ese orgullo de estar generando puestos de trabajo y de que también, cuando sale un modelo nuevo, la fábrica sea una fiesta», agrega.

Si bien los costos de estar en «la ciudad» son más altos que en el sur, los precios son los mismos en todos los locales. Y cuando baja el dólar, bajan los precios. «Lo que sale 10 dólares sigue saliendo 10 dólares. El problema es cuando lo pasás a pesos. En ese momento hemos tenido que subir los precios, ha pasado un tiempo y bajó el dólar. Y teníamos esa responsabilidad, porque nosotros también lo vemos reflejado en las ventas, vemos que cuesta más comprar, la vemos a la gente decir ‘ah, bueno, pero ya no me alcanza’. En ese momento hicimos los costos de nuevo en base a cuánto había bajado el dólar», recuerda. «Decidimos que nuestro público se merecía que seamos coherentes con lo que veníamos predicando que es esta idea de que todos lo puedan tener, de que nos den una oportunidad. Y a nosotros tampoco nos gusta ver que si ya ha bajado el dólar sigan todas las cosas por las nubes», agrega.

Recientemente, ante las obligaciones de fin de año y las complicaciones de la economía, buscaron otra alternativa para enfrentar la caída generalizada de las ventas: largaron un dos por uno en todos los productos. «Vender el producto a mitad de precio no le conviene a nadie; pero a nosotros vender volumen nos sirve para pagar los sueldos, las vacaciones, se viene aguinaldo, todos los problemas de fin de año, que uno llega con lo justo. Y nosotros también hacemos asado de fin de año, sorteos, premiamos al mejor compañero, al que tiene mejor asistencia, muchas actividades que disfrutamos hacer», explica. «Fue una decisión que no sabíamos que íbamos a tener esa respuesta, hemos tenido que salir huyendo a buscar vendedoras y a reponer stock», agrega todavía con sorpresa.

Entre las cosas que destaca, señala que haber tenido que salir a vender las zapatillas les dio la ventaja de conocer al público. Señala que uno de los principales desafíos fue conjugar lo que estaba de moda con lo clásico que es un tucumano. «Hacés 10 mil cosas y te compra el negro. Aprender las máquinas, los procesos, eso nos ha llevado un tiempo largo de no dormir. En eso el apoyo del público ha sido», destaca. De hecho, las Dione, el primer modelo, siguen siendo el caballito de batalla.

En cuanto a los planes a futuro, Sofía señaló que surgen ganas de seguir creciendo, pero con cautela. «Si esto va como esperamos, esto genera un crecimiento de la producción y tenemos que estabilizarnos. Hacemos 150 pares por día pero, la fábrica tiene capacidad para hacer 1200 por día. Tenemos más capacidad, pero bueno, hacer más implica comprar más insumos y es toda una rueda que tiene que ir dando», explica. También señala que llegar a la capital es uno de los objetivos. «Y acá estamos», dice orgullosa.

Fuente El Tucumano

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