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Un médico, testigo del choque en la ruta 38: “Uno de los docentes murió en mis brazos“

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Una fila de autos volviendo a casa. En la mano contraria, uno más apurado que los demás, esquivando a los de adelante para llegar. Un intento fallido de no chocar. Llantas marcadas en el asfalto y el estruendo de un impacto tan fuerte que los testigos no se borrarán jamás. Un auto destruido en medio de la ruta. Otro, al borde de caer a un precipicio. El shock de los conductores de esa cola de vehículos que no podían creer lo que acababa de pasar y una escena desoladora, desesperante y horrorosa, difícil de olvidar.

Muchas estimaciones se hicieron sobre cómo podría haber sido el accidente en el que cuatro docentes fallecieron el jueves por la tarde, en la nueva traza de la ruta 38, a la altura de Famaillá. Un testigo que vio y ayudó a las víctimas de la tragedia, relató cómo fue la situación. «Yo estaba a unos 150 metros de los autos que chocaron. El vehículo rojo que viajaba por la mano contraria, venía esquivando autos y se cruzó a nuestro carril. Ambos intentaron tirarse a la banquina y chocaron», dijo el doctor Daniel Sánchez, testigo de la tragedia.

Sánchez viajaba de la capital, a prestar servicio como médico en Alberdi, cuando ocurrió. «Vimos todo. Las personas que pasaban por ahí pararon y entre todos tratamos de ayudar a las víctimas», agregó.

Foto La Gaceta

Según el doctor, al instante de ver el accidente varios intentaron comunicarse con la Policía y la ambulancia, pero llegaron más de una hora después: «debe haber pasado una hora y cuarto hasta que apareció la ambulancia; la Policía apareció cuando estaba anocheciendo, como dos horas después».

El Nissan March en el que se movilizaba Gabriela Alejandra Juárez, quedó atravesado en medio de uno de los carriles de la ruta. El Fiat Argo, en el que viajaban los cinco jóvenes (Marcelo y Osvaldo Barrionuevo, Julián Elías, Néstor Matías Gramajo y Antonio Bazán) quedó al borde de caer en una zanja profunda.

«La ayuda no llegaba y la escena era terrible. Vimos movimiento en el auto que se estaba por caer y como éramos muchos -como 25- dijimos: ‘desarmemos el auto y saquemos a los chicos'», recordó.

Lo primero que hicieron fue sacar los matafuegos y controlar el humo, ya que ambos vehículos mostraban indicios de un principio de incendio. Luego, amarraron el Fiat -con una soga- al guardarrail y comenzaron a auxiliar a las víctimas.

«Sacamos a Bazán y a Gramajo (los heridos) del asiento de atrás. Después al acompañante del conductor que presentaba signos vitales pero tenía mucha hemorragia. De ahí, al resto que se encontraba sin vida. Estaban muy golpeados», detalló.

Según Sánchez, el copiloto perdía mucha sangre y, hasta que llegó la ambulancia, entró en agonía. Por eso, una vez que el auxilio arribó, ya no había nada que hacer para salvarlo: «la verdad es que no sé si se habría salvado si la ayuda llegaba antes. Murió en mis brazos».

El doctor mencionó que también se acercó al auto donde viajaba Juárez para corroborar si estaba sin vida: «el auto estaba destruido. Le tomé el pulso a la señora, pero no presentaba signos vitales. Lo hice desde afuera porque ella tenía el brazo izquierdo saliendo por la ventana y noté que con la otra mano agarraba el celular».

El testigo descartó la hipótesis de la baja visibilidad en la ruta: «el sol estaba a pleno. Había buena visibilidad». Y agregó que ninguna de las víctimas salió expulsada de sus vehículos, como se había informado en un primer momento: «nosotros ayudamos a sacar a los chicos de los autos. Ninguno salió despedido por el choque».

Fuente La Gaceta

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