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Francisco Benítez, el ganador de La Voz Argentina: “Ahora puedo ser uno más”

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Buenos Aires.- Francisco Benítez se masajea las sienes y poco entiende. Todavía no se decide si sonreír, gritar o llorar: sabe que cualquier reflejo parecerá un acto de alegría pero, en realidad, significará un desahogo. Tampoco se anima a llamar a Rocío -la mujer con la que espera su primer hijo- para compartir el logro. Es un torbellino de emociones tras ganar La Voz Argentina.

Porque el cordobés de Colonia Tirolesa, un municipio ubicado a unos 27 kilómetros de la capital de su provincia, se convirtió en el campeón del reality de Telefe en la edición de 2021. «Ya no tengo por qué esconderme más», le dice a Clarín en medio de los festejos con la garganta hecha trizas y la emoción a flor de piel.

De 22 años de su vida, Francisco pasó más de 16 buscando una escapatoria. Tenía apenas seis cuando le diagnosticaron tartamudez y, desde aquel informe, su rutina cambió para siempre. «Dios no me dio el don de hablar, pero sí el de cantar», asume. No se equivoca: se consagró con el 44,3% de los votos, por encima de Luz Gaggi (27,9%), Nicolás Olmedo (14,4%) y Ezequiel Pedraza (13,4%).

El día después
-¿Ya caíste?

-¿Te soy sincero? No lo sé. Todo esto es nuevo para mí… Yo lo único que quiero es poder estar con mi familia, poder descansar bien y, después, ver lo que se hace.

-¿Hablaste algo con los coaches fuera del aire?

-Sí, un par de palabras. Todos coincidieron en lo mismo: me dijeron que siga con esto, porque tengo con qué hacerlo. Que no afloje y que me dedique al canto.

-¿Y con los otros finalistas?

-Para mí la que ganaba era Luz y se lo dije. Desde el día en el que la escuché por primera vez entendí que iba a ser la ganadora. Formamos una muy buena relación y me da alegría que haya llegado hasta acá, pero para mí la que ganaba era ella.

En busca de un sueño
Poco antes de calificar para ser uno de los concursantes de La voz argentina, el reality más visto del país, el integrante del equipo de Soledad Pastorutti se había replanteado varias cosas. No encontraba en su rutina y mucho menos en su futuro razones para seguir peleando por su sueño, que era claro: ser uno más.

«Sentía tristeza -rememora-, porque vivía todo el tiempo con esto. No era fácil levantarse y tratar de luchar para ser uno más y no ser un estorbo para nadie. Siempre me ponía triste por eso… No me consideraba uno más». A pesar de los años que deambuló entre psicólogos y fonoaudiólogos, no encontraba alguna pista que pudiera devolverle la motivación.

-¿Cuánto influyó el canto para que dejaras de lado esos pensamientos?

-Muchísimo. Pero muchísimo, eh. Es una sensación llana, pero hace que me calme y que pueda estar en paz. ¿Sabés que siento cuando canto? Es como si mi cabeza fuese un caos y al cantar todo eso se calma. Es la única vez que puedo estar tranquilo: cuando canto, porque está fluyendo todo de manera normal.

-¿Y hoy? ¿Qué lugar ocupa en tu vida?

-Para empezar, fue lo que me salvó. Yo tenía miedo al hablar, a decir algo, a estorbar… Y el canto fue lo que me hizo perder ese miedo, un paso muy importante para mí. Me salvó de la tristeza de siempre, de las ganas de no estar acá… Fue la única cosa que me hizo pensar mucho.

Pensaba, Francisco, y sus ideas fluían en cada nota musical. Así fue desde alguna primavera de los tempranos 2000, cuando floreció su vínculo por el canto luego de escuchar vocalizar a su papá. Y, desde entonces, transformó sus inseguridades en el talento que lo llevó a destacarse en el programa con más rating nocturno de los últimos meses.

Sabía, para cuando llegó su turno de presentarse ante todos frente al a cámara, las sensaciones que revolotearían en su interior cada vez que apoyara una suela en el escenario: «Siempre canté en festivales cuando era más chico y hasta en presentaciones grandes. Estaba un poquito acostumbrado… Pero lo de La Voz Argentina tuvo otra cosa que me cambió».

-¿Cuál?

-Yo cantaba en escenarios, sí, pero no tenía que hablar. Y La Voz me sacó de ese contexto de todo lo que venía. Ahora tengo que hablar y contar cosas, ja. Es todo un desafío.

-¿Tuviste miedo?

-Siempre. Desde que empezó esto de La Voz Argentina, hasta ahora. Cuando empezó me cambió totalmente la vida. Yo no estoy acostumbrado a hablar en público en frente de las cámaras y traté de dar lo mejor de mí para que ese miedo se pueda ir. Gracias a Dios hoy está, pero ya no es lo mismo.

-¿Cuándo te diste cuenta de que había pasado?

-Cuando empecé a tener más confianza en mí mismo, cuando ya era uno más para la gente. Siempre quise eso, poder ser uno más. Y un montón de gente me brindó cariño, apoyo y muchas más cosas para que yo me sintiera así, como hoy. Hoy soy uno más.

Es uno, Benítez. Pero no uno más: es uno entre mil, contra todo y todos. Uno que se cansó de luchar contra las desigualdades y entrenó sus cuerdas vocales día a día para poder ensordecer con sus registros a cualquier prejuicio que lo acechara. Y, de tanto buscarlo, lo logró. «Este logro es muy grande para mí», resume.

-¿Qué lugar ocupa en tu vida?

-Y… Es muy personal. Imaginate que ahora ya no tengo que esconderme más. Ahora puedo sentirme bien y es muy importante esto, porque yo simplemente me presenté acá por eso, para sacar el miedo y poder ser feliz.

-Al objetivo de sacarte el miedo ya lo lograste. ¿Y ahora? ¿Qué sigue?

-Yo ahora lo que quiero es dedicarme a mi familia y seguir perfeccionándome. Ya veremos qué pasará, pero hoy toca disfrutar.

Fuente: Clarín

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