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La historia desconocida de un espeluznante crimen ocurrido en Aguilares en 1916

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Aguilares.- Corría el año 1916, diciembre para ser más precisos, y Tucumán se informaba en las páginas del diario El Orden sobre un horrendo crimen ocurrido en la pujante Aguilares. Decía el diario: “En la pacífica Villa de Aguilares se ha cometido un crimen espeluznante que no tiene precedentes en la historia de la delincuencia de nuestra provincia”. Se trataba de la obra de una “bestia humana”. El español Andrés Martínez López apareció asesinado de 18 puñaladas y sin dinero en una de las fincas propiedad de Romualdo Abella. Martínez López contaba con un pequeño rancho con huerta y gallinas cuya venta le permitía vivir con relativa estabilidad permitiéndole enviar dinero a su familia en España.

El descubrimiento del crimen se dio cuando el hijo de Abella se había acercado a la finca para observar cómo iba el cuidado de la misma. Allí encontró a Martínez López, también conocido como “el brujo”, en un charco de sangre. Los detalles del cuerpo es mejor guardarlos, la prensa en aquellos tiempos no tenía el mínimo atisbo de decencia pública al describir un cadáver. El sugestivo apodo de la víctima tenía su explicación de acuerdo a El Orden. Martínez López llevaba ocho años en Aguilares, todos dedicados a la labranza de la tierra. Vivía solo, retirado de todos y “en una forma que hacía pensar mucho”… “Bajo de cuerpo, flaco, jorobado, de un porte físico nada recomendable, su aspecto daba una impresión más bien de lástima que de miedo.” Todos en Aguilares lo conocían con su carrito tirado por un burro petizo con quien vendía los productos de su trabajo. A pesar de su físico, el hombre de 55 años era conocido como un Don Juan por la Villa, donde más de una linda moza como afirma el diario, caía presa de sus encantos (esto a pesar de tener mujer y dos hijos en España).

La muerte de Martínez López causó estupor en Aguilares y pueblos vecinos, la sospecha principal de la policía recayó sobre el vecino aguilarense de “malos antecedentes” Carmen Luna, pensándose como móvil del crimen los celos. El comisario Héctor López Herrera pronto comenzó una investigación que dio cuenta que la “nueva pareja” de Martínez López era Juana Núñez, que hacía vida en pareja con Carmen Luna, “domiciliados ambos a tres cuadras próximamente de la vivienda de López y frente al establecimiento azucarero que en aquella población tienen establecido los señores Simón Padrós y Cia.” Por pedido del jefe de investigaciones de la provincia se detiene a otro sospechoso, amigo de Luna, Antonio Pedraza, con quien había sido visto el día del crimen en un comité radical. En unos cañaverales cercanos al hecho se encontraron rastros que coincidían con el calzado de Pedraza. Juana Núñez terminaría contando al jefe de investigaciones de la provincia, Augusto Alurralde, el teatro de los sucesos: junto a Luna vivían en la miseria absoluta, que un día se acercó a la quinta en la que trabajaba Martínez López, quien comenzó a regalarle cosas. Luna le pidió a Núñez que el español le diera un monto para poder realizar un viaje, pero ante la menor suma brindada al retorno de la mujer Carmen Luna le afirmó que llegaría hasta Martínez López le robaría y lo asesinaría. El día del suceso Luna volvió a casa, contándole a Núñez lo que había hecho y amenazándola con asesinarla en caso de delatarlo.

Las declaraciones de Luna y Pedraza no hicieron otra cosa que confirmar el suceso, Pedraza le dio un primer hachazo en la frente y Luna lo remató ante gritos de celos. Fue Pedraza el encargado de realizar el robo antes de darse ambos a la fuga. Ambos fueron conducidos a San Miguel en un tren con destino a la estación El Provincial. El hecho parece perderse en la crónica policial hasta el 13 de noviembre de 1917 cuando el diario El Orden replicó la sentencia del juez Tiburcio López: 25 años de cárcel para Carmen Luna (a) “El Sordo” de 26 años y Antonio Pedraza (a) “El rubio” de 21 años; más una “reclusión solitaria” de 20 días en los aniversarios del crimen y “vigilancia de la autoridad por espacio de 5 años una vez cumplida la condena.”

Por Agustín Haro

Licenciado en Historia, Universidad Nacional de Tucumán

Fuente: Archivo Histórico de la Provincia de Tucumán, Hemeroteca, Diario El Orden, Diciembre de 1916 y Noviembre de 1917.

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