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«Pienso que mi Navidad es el reencuentro, el recuerdo, el volver a compartir historias viejas, con historias nuevas»

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Desde la tarde de diciembre en que fui a la radio Virgen del Carmen, perteneciente a la Iglesia del mismo nombre, convocado por Adolfo Mercado, después de una charla para una entrevista sobre lo que vengo escribiendo en mi face, surge la pregunta:
– «Cebolla, ¿cuándo vas hacer una crónica sobre el adviento?«,
«Ah, sobre la navidad, ¿verdad?», le pregunto yo.
– «Si«, me dice él, sentado en el estudio de radio, rodeado por una especie de goma que cubre las paredes de la oficina, que no hace juego con los dos pisos de la sede parroquial, que lucen un look de abandono.
«Si, tengo pensado escribir sobre la navidad».

Es ahí cuando me surge la pregunta ¿qué es la navidad para mí? Y ¿qué es el adviento?
Desde ese día he buscado el significado de la navidad, ¿es eso qué pasa el 25 de diciembre y que solo les ocurre a los católicos?
¿Es eso de comprar regalos, hacer comidas maratónicas, rodeadas de arbolitos verdes, blancos, con pelotitas colgando junto a un juego de luces nuevo que prende y que se apaga todo el santo día?.

Haciendo esas y otras preguntas camine por la ciudad de Aguilares, viendo las vidrieras, el cambio en los comercios, el ir y venir que acelera a todo el mundo, ese día estoy en la esquina de J.B Alberdi y Av. Mitre, en los semáforos veo el primero, el primero que llega de lejos, que viene del sur del país, lo veo en su auto nuevo, – «Hola cebolla», me dice del auto, «Hola Leo», le digo yo desde la vereda, el semáforo se pone en verde y sale en su coche estira la mano por la ventana y se pierde por la Alberdi.

Ese sábado que sigue llega Gonzalo desde el sur, viene porque su padrastro está grave, eso nos dice a los changos del barrio Libertad, después de haber perdido un partido que lo ganábamos dos a cero y terminamos perdiendo 5 a 3, cuando lo invitábamos al tercer tiempo,
“Tengo que ir a cuidarlo a Ayiya, estoy un rato y vuelvo”, nos decía Gonzalo, él era el segundo que volvía, del sur, de la Patagonia.

Una semana después llega Germán, es el tercero, que conozco que vuelve para diciembre. En esa semana se arma un grupo de whatsapp del barrio Libertad, no le doy bola, hasta que el miércoles 12 de diciembre escribo en el grupo:
“Hagamos un partido de los eternos contra los tiernos, ¿se animan o tienen miedo?». plinnn, suena el mensaje en el grupo,
«Si cebolla, juguemos», dice otro así de poco se organiza el partido,
«¿Qué día jugamos?», dice uno,
«El viernes a la tarde», propongo,
Llega un mensaje de Hernán, “yo ya lo intenté, pero es imposible no quieren jugar”.
Estamos en eso tan nuevo para mi de ponerse de acuerdo por teléfono, cuando recuerdo el meme de la última cena que dice “¿Cómo habrá hecho Jesús para que se puedan reunir doce amigos?».

El viernes a las cinco de la tarde estoy entrando al Galpón, una cancha de fútbol cinco en el barrio Universitario de Aguilares, al único que veo es a Hernán, me saluda, «Soy el único».
A las cinco y cuarto se desocupa la cancha, entramos los once que estamos, y nos sacamos la foto, se cumple el ritual, y empezamos a jugar los eternos contra los tiernos, en tres minutos nos ganan los tiernos, 2 a 1, después es un continuo cambio de equipos, los veo jugar a mis amigos y me pongo nostálgico, sé que el Gula gambeteara a todo el mundo y pateara a fusilar frente al arco, se como corre cada uno, de eso me saca el jugador número doce que llega faltando diez, es el Cheva, lo hacen jugar inmediatamente, todos se ríen, de verlo correr, despavorido como un caballo loco, hasta que Persiana, le hace un caño estilo «Riquelme», y todos nos reímos.
Pienso en mi hermana que viene mañana, y en mi madre que desde que comenzó diciembre prepara la pieza para su hija, pienso en el adviento, la preparación para la llegada de la navidad, ¿y eso que hace mi vieja no es un adviento familiar?, también pienso en los Leos, los Gonzalos, los Germanes, que tienen una madre que los espera, que los piensa a la distancia, arreglando sus piezas, haciendo alguna comida especial, y ¿acaso la llegada de esos que se fueron, a más de mil kilómetros no se parece a la navidad?.

Se cumple la hora del futbol cinco, salimos todos saludándonos, todos transpirados, alguien dice, «Vamos a Maxi», «Si», dicen todos sin poner excusas, es unánime, y en Maxi estamos todos sentados en la vereda de una despensa, tomando gaseosas, cervezas, es nuestra última cena, es el reencuentro, de golpe las historias desfilan en la tarde noche, de golpe creo que esto se repite en todo Aguilares con la llegada de los amigos que se han ido, a buscar un trabajo, como mis hermanos, como mis amigos, y pienso que mi navidad es eso el reencuentro, el recuerdo el volver a compartir historias viejas, con historias nuevas.
«Callados, callados que Cebolla está escuchando, no digan nada que los va a poner en una de sus historias», dice Hernán, al costado derecho de la mesa.
Yo me rio, pensando que tiene razón, porque están en una nueva historia.
Son las doce de la noche, me voy a mi casa, los dejo en la ronda de cervezas, como en navidad.

Por Diego Armando Díaz – Profesor Universitario en Letras

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