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El duro relato de un joven de 22 años que se contagió de coronavirus y terminó «hecho polvo»

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España.- Un joven español de 22 años que desconfiaba de la gravedad del coronavirus se contagió y terminó “hecho polvo”, según reveló recientemente en una entrevista.

“Pensó que era una chorrada”, reconoció Álex Barreira, quien se contagió de covid pese a tener 22 años, practicar natación, no fumar ni beber.

Sentado en una habitación del hospital Gregorio Marañón de Madrid, en diálogo con El País, el joven estuvo una semana con síntomas, creyendo que pasarían solos. “No me esperaba esto ni loco, creía que no me pasaba nada, que era una gripe normal, una gastroenteritis, no esto. Esto no. Pero sí, era coronavirus”, dijo.

Ahora está “arrepentido” de haber aguantado tanto, pero como todos, dice, “ninguno con 20 años piensa nunca que le vaya a pasar algo”. No fue grave, aunque sufrió una fiebre que no se iba y que rozó los 40 grados. No necesitó oxígeno, pero tiene diagnosticada una neumonía bilateral por la que lo internaron varios días.

Álex no sabe con certeza dónde o cómo se contagió, aunque le ha dado “muchas vueltas”. Cuenta que usa “muchísimo” el metro (subte) y el autobús, “todos los días prácticamente varias veces”. También que va a natación, “y allí se nada sin mascarilla”.

Cuando sale con sus amigos, no siempre encuentran lugares al aire libre: “Si está todo hasta arriba fuera, pasamos dentro, aunque no suele estar lleno nunca en los sitios a los que vamos”. Ve a su novia un par de días a la semana y vive con su familia.

“En el momento que me dijeron que me tenía que quedar ingresado en el hospital me derrumbé, la verdad. Me llamó mi madre y mi abuela y me tuve que derrumbar. Fue el impacto, y tener que quedarme aquí”.

La primera noche la pasó en observación para ver cómo evolucionaba y prefiere no repetir la experiencia: “Como yo, había más gente, más enferma. No podía dormir, era imposible y me puse los cascos para ver si con la música conseguía evadirme”. Al día siguiente lo pasaron a planta.

“Yo sabía casi seguro que en una (unidad de cuidados intensivos) no iba a acabar, porque soy joven y hago deporte”, rememora. Pero también recuerda que “bien, no estaba”: “No era normal que anduviera como si hubiese estado cavando zanjas 12 horas, cansadísimo y con mucha fiebre, encharcaba las sábanas”. Y no se le olvida la tristeza: “Sobre todo los primeros días de estar aquí”.

“Me dijeron que en principio volveré a la normalidad, yo estaba sufriendo por eso”. Su evolución es buena y la afectación no es muy grande, por lo que no cree que puedan quedar secuelas pulmonares o en el resto de órganos.

“Me alegro de haberme contagiado yo; quiero decir yo y no a mi familia”. Su abuela vive ahora con ellos, en su casa no hay espacio para que cada uno tenga su cuarto, así que él a veces duerme con su madre, asmática. Le da vueltas a qué habría ocurrido si él las hubiera contagiado. O a su hermano, o a su padre.

“No podemos estar todo el día, toda la vida, metidos en casa, pero cuando se sale no hay que olvidarse la cabeza”. Dice que no puede comprender “qué tonto no entiende” que una fiesta pueda ser la muerte de su abuela, o de la abuela de un amigo. “Cuando esto acabe, en un año o en dos, porque no va a durar 20, podrás ir y bailar, y todos tan felices. Mientras, a mí que no me vengan con chorradas de que lo que te toca es pasártelo bien, hay cosas que por mucho que queramos, no son necesarias”, cierra.

Fuente: TN

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