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A la mujer policía que mató por un viaje a Disney la condenaron “sus mentiras”

Los magistrados que condenaron a Sonia Rebeca Soloaga a prisión perpetua por considerarla autora del doble crimen de un matrimonio en 2019, señalaron que la uniformada urdió una trama de mentiras para desvincularse del hecho.

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El tribunal que condenó a prisión perpetua a la policía porteña Sonia Rebeca Soloaga como autora del doble crimen de un matrimonio en 2019 en el barrio porteño de Parque Avellaneda, consideró que todos los indicios que la incriminaron surgieron de las “mentiras” que ella misma ensayó para desvincularse del hecho, y ratificó que el móvil fue el robo para pagar el viaje a Disney que le había prometido a su hija por su cumpleaños de 15.

Así surge de los fundamentos que el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 7 de la Capital Federal dio a conocer este miércoles sobre la sentencia por el doble crimen de Alberto Antonio Chirico (71) y su esposa María Delia Speranza (63), ocurrido el 11 de junio de 2019.

El presidente del tribunal, el juez Alejandro Noceti Achaval, afirmó en su voto que “los indicios concordantemente se fueron uniendo hasta conformar la convicción de que Soloaga es quien robó y mató” a las víctimas .

“Resulta claro que todas las mendacidades de la imputada buscaron un único objetivo: el de alejarse de la imputación que se le dirigiría. Así, con esa finalidad tenida en mente, urdió una serie de explicaciones insensatas, irrazonables y absurdas sin alcanzar a demostrar su ajenidad con el gravísimo suceso, sino todo lo contrario”, señala el fallo al que accedió Télam.

Los jueces comentaron que si bien en este caso no se encontraron rastros que permitieran identificar a su autor, rápidamente se sospechó de Soloaga “debido a que ese mismo día ella había denunciado haber sido víctima del robo de su arma reglamentaria en un confuso episodio en el que habría efectuado dos disparos y que, por los contradictorios datos que brindó, llevó a los investigadores a analizar su conducta”.

Pero el TOC 7 recordó que “la propia imputada reconoció durante el trámite procesal que había mentido al denunciar el robo de su arma reglamentaria” y que, tal como sostuvo en el juicio, supuestamente la pistola la había perdido el baño de una estación de servicio junto a un bolso con $ 300.000.

“A esa mentira inicial se le suman otras, no admitidas por ella pero que, analizadas todas en conjunto, permiten alcanzar la convicción, aún sin ninguna prueba directa, de que fue ella quien ingresó aquel 11 de junio de 2019 a la vivienda con la decidida intención de dar muerte al matrimonio para apoderarse de sus ahorros y lograr su impunidad”, afirma el juez Noceti Achaval, que recibió las adhesiones de sus colegas Gabriel Vega y Gustavo Rofrano.

Alberto Chirico y María Speranza, las víctimas de una agente que los ejecutó en Parque Avellaneda

“Puedo afirmar -continúa-, que es falso que haya ido a la estación de servicios Shell; que es falso que haya perdido el arma; que es falso que haya olvidado un bolso con dinero; que es falso que no tuviera contacto con las víctimas; que es falso que no haya entrado jamás a la casa de éstas; que es falso que no haya hablado con Chirico acerca de unos billetes de dólar adulterados; que es falso que no haya sustraído el dinero ahorrado por éstos y, por último, que es falso que ella no les quitó la vida”.

Según el fallo, las mentiras de Soloaga sobre la pistola tuvieron como objetivo tener una excusa para “hacer desaparecer el arma de fuego que poco antes había utilizado para apoderarse de una importante suma de dinero -entre 70.000 y 80.000 dólares, según la investigación-, y para dar muerte» a las víctimas.

“Todo lo que ella intentó presentar como parte de una maldita adversidad, no es otra cosa que la falaz secuencia dibujada con la intención de desvincularse de un gravísimo delito”, agrega la sentencia.

Sobre el móvil y el viaje a Disney que Soloaga le había prometido a su hija, el TOC 7 señaló que “el homicidio del matrimonio tendió a dotar de impunidad al robo del dinero, ya que ese último acto, era el objetivo principal perseguido por la imputada, pues el dinero lo necesitaba para afrontar el pago del viaje a Estados Unidos de su adolescente hija”.

Al mencionar algunas pruebas, los jueces indicaron que a las 12.06 de aquel día, la mujer policía que trabajaba en la comisaría 9C de la Policía de la Ciudad, quedó grabada por cámaras de seguridad en su auto “acercándose a la vivienda de Chirico” y que a las 13.21, la tomaron “alejándose de ese lugar”.

También dijeron que Soloaga pasó a retirar por un kiosco “su teléfono policial que había dejado por la mañana para evitar que sus movimientos quedaran registrados”.

La confianza del matrimonio con la asesina

Destacaron la declaración de Florencia Chirico, hija de las víctimas, quien le reveló a los investigadores que, por dichos de su propia madre, sabía que “la única persona que visitaba a sus padres que no fuera de la familia, era justamente Soloaga”, ya que le permitían usar el baño y le servían café.

Al referirse a los agravantes, el TOC 7 mencionó “el desprecio por la vida”, que “la imputada no dudó en quitarle la vida a quienes generosamente le habían abierto las puertas de su propia casa” y que “llevó adelante la violenta muerte aprovechándose de las facilidades que le otorgó su función policial”.

Sobre el otro imputado que llegó acusado de “encubrimiento” pero resultó absuelto en el juicio, el también policía porteño y exnovio de Soloaga, Diego Alberto Pachilla (38), los jueces indicaron que si bien coinciden con el fiscal Oscar Ciruzzi en que “todo permite presumir que el imputado habría prestado una ayuda a la coimputada”, no había “prueba suficientes” e hicieron mención al beneficio de la “duda”.

Soloaga (36) terminó condenada el 5 de este mes a prisión perpetua por “robo agravado por haber sido cometido con un arma de fuego, en concurso real con el delito de doble homicidio doblemente calificado por haber sido cometido para consumar el otro delito y lograr su impunidad y por haber abusado de su condición de policía, que se agrava a su vez por haber sido perpetrado con un arma de fuego, en concurso real con falsa denuncia”.

Con esta condena, la expolicía que está detenida en el Complejo Penitenciario Federal IV para mujeres de Ezeiza, pasará al menos 35 años en prisión y recién podrá pedir libertad condicional en 2054, cuando tenga 69 años.

Fuente Agencia Télam

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