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La trama desconocida del robo de la beba en el hospital de Lomas de Zamora

Los detalles de cómo la detenida logró hacerse pasar por personal de ese centro de salud y llevarse a la chiquita, según dos testigos de la causa. La sospechosa fue capturada con la nena en brazos en un negocio de ventas de pasajes en micro a La Costa atlántica

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Aylín tenía apenas unas horas de vida cuando una desconocida vestida con ambo, barbijo y cofia la robó de los brazos de su madre de la habitación 107 del hospital Oscar Alende, ubicado en Lomas de Zamora, bajo el engaño de que tenía que llevarla a la Neonatología. La noticia de la sustracción de la beba enseguida se viralizó y la sospechosa fue detenida ese mismo 14 de diciembre en un negocio de venta de pasajes en micro a La Costa atlántica, y desde entonces está presa. Pero, ¿cómo logró hacerse pasar por personal de ese centro de salud y llevarse la nena? Infobae accedió a testimonios clave del expediente que dan cuenta de cómo fueron los movimientos de Erika Castaño (27) para llevarse a la chiquita.

Ese 14 de diciembre en el que ocurrió el robo de Aylín, el empleado de seguridad que fue destinado al sector de Maternidad del primer piso del hospital Alende, llegó a las 6.55 y se apostó en la puerta por la que entran los pacientes y sus familiares. Hay un segundo ingreso a esa planta, pero va hacia el fondo del hospital. Pese a que el personal de seguridad rota por los diferentes sectores, no era la primera vez que le asignaban esa zona. Fue ese vigilador el primero que notó a la sospechosa.

Según lo que declaró como testigo ante la fiscal Silvina Estévez, de la UFI N°4 de Lomas de Zamora, eran las 9.35 cuando la observó retirar las bolsas de basura e irse hacia el piso en donde está el contenedor. Luego, la volvió a ver y, según sus dichos, la paró y le preguntó quién era y en qué sector estaba. “Dijo que se llamaba Carolina Solís y que era de limpieza”, explicó el hombre que le respondió la mujer. Ante esto, el vigilador le pidió que se baje el barbijo. Se quedó con cuatro detalles en su retina: “Un piercing en la nariz, en el lado derecho; la boca en mal estado; las cejas; y la tez de la piel que era trigueña”.

En ese preciso momento, una enfermera se acercó. La mujer también fue testigo en la causa y dijo que la había visto más temprano ese día saliendo dos veces de la habitación 106, que era la nueva de limpieza y que se ofreció a hacer las camas, lo que le llamó la atención porque esa es su tarea. Luego, se la encontró junto al vigilador y recordó que se apellidaba como otro médico del lugar. Así, siguió sus tareas.

La sospechosa ingresó al área de las habitaciones, pero al vigilador algo no lo dejó satisfecho y llamó al área de personal para constatar sus dichos: preguntó si habían tomado gente nueva, pero su interlocutora no sabía y los que tenían esa información no estaban, por lo que pidió que le averigüen y continuó con su trabajo. Fue entonces que vio salir a la presunta Carolina con un carro que se usa para la ropa sucia.

“Pasé habitación por habitación a chequear los pacientes y sus bebes, un control que se hace siempre. Cuando llegué a la 107, una mamá no tenía a su hija y le pregunté qué pasó. Me contestó que se lo llevó una enfermera a Neo a pesar y volvía”, recordó. Y agregó que enseguida se dio cuenta de que no había entrado ninguna enfermera al sector. Así, su relato se convirtió en una sucesión de hechos cuyo objetivo era alcanzar a la nueva de limpieza: no la encontró, pero sí notó que el ascensor estaba con la luz apagaba y en su interior estaba el carro que llevaba la última vez que la vio.

“Lo saco al pasillo, lo abro y había ropa de bebé: un gorrito, un body, una mantita y algo que no supo sé qué era. La dejé adentro y no la toqué. Corrí hasta el sector de proveedores, que es la salida más cercana y por donde ingresan las ambulancias”, detalló y contó que ahí estaba otro empleado de seguridad al que le trasmitió sus sospechas. El hombre fue claro: cerrá todas las puertas y no dejes ingresar o salir a nadie. Así lo hizo, les avisó a sus compañeros y llamaron a la Policía, siempre según sus dichos.

Al día siguiente le dieron el alta a la beba robada en el hospital Alende

En paralelo, la enfermera declaró que notó que algo raro pasaba cuando vio la cara del encargado del sector en la zona de las habitaciones, rodeado de mujeres que parecía como que discutían. Le dijo que parecía que faltaba un bebé y enseguida se pusieron a buscar. Ella entró en la habitación 107 y la mamá de Aylín le dijo que se la habían llevado para hacerle un estudio.

“Como después ingresaron tres personas más preguntando por la bebé, la mujer salió desesperada al pasillo porque se dio cuenta de que algo pasaba”, relató la enfermera. Ella no fue parte de la búsqueda, según su declaración, sino que se quedó con las pacientes; pero si halló en un tacho negro al fondo del pasillo un colchón de cuna, las mantitas del bebé y ropa. Su instinto la llevó a tocar lo que había, pero una médica le advirtió que podía ser material para pericias y recordó que sacó la mano.

El empleado de seguridad y la enfermera no se movieron del hospital, según sus dichos. El vigilador fue testigo de cómo la policía llegó con la beba en brazos y la sospechosa detenida. Subrayó que cuando le descubrieron la cara para hacerle una foto la reconoció de inmediato. La enfermera, en tanto, cuando se enteró que Aylín había sido recuperada, fue a ver a madre e hija: “El día anterior había ayudado en el parto y cuando la vi me di cuenta que era la misma nena, y que estaba con su mamá en buen estado”.

Fuente Infobae

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