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“Nunca se iba al río”: la angustia de la abuela de Brian, el niño desaparecido en Banda del Río Salí

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Todo Banda del Río Salí está en vilo por la desaparición de Brian Exequiel Galván (3). ¿Las hipótesis? Un amplio abanico que va desde que se podría haber ahogado hasta un caso de trata de personas. Por eso se activó el protocolo y, no sólo Prefectura, los peajes y hospitales a nivel nacional ya tienen la foto del chico; también fueron alertados en el dique de la Termas de Río Hondo, en Santiago del Estero, donde desemboca el cauce del Río Salí.

“Nada se descarta”, explica el policía que cuenta con tristeza este martes que “no hay nada nuevo”, y agrega con pesar: “Nosotros hacemos previsión mientras buscamos a Brian y es angustiante ver cómo los chicos -y los grandes- siguen metiéndose en el río como si nada”.

A unos seis metros del margen del Río Salí, los canes de la policía encontraron el último rastro de Brian. Muy cerca de allí quedó tirada su bicicleta azul, justo a medio camino entre el fondo de la casa de su tía abuela Verónica y la orilla que fue testigo silenciosa de su desaparición.

La angustia de su abuela Olga

Olga Rojas está a pasos de esa orilla peligrosa del Salí, cuyo cauce sube y baja caprichosamente y donde, en esta época del año, el caudal aumenta y las aguas bajan desde el dique El Cadillal de manera torrentosa y con correntada. Un río ancho, de hasta 30 metros, y con una profundidad que supera la altura de un adulto promedio.

“Estoy mal, mal… Que Dios lo cuide y no le pase nada”, susurra con una pena de madre. Olga es la abuela de Brian, la mamá de su mamá, pero es quien lo cría. Ella cuenta que «le puso los puntos a su hija» de 19 años, y le dijo que «no podía andar con el bebé de acá para allá», y entonces se prestó a ocupar ese rol, que cumple como si el nene fuera uno más de sus seis hijos de entre 22 años y 18 meses.

“No sé ya qué pensar y, a la vez, pienso de todo un poco, porque lo hemos buscado por el río, por tierra… Nos dan un dato y es falso; otro y es falso también. Ya no sé, porque es tan chiquitito y no sé qué le está pasando: si tiene hambre, si le han hecho algo…”, se atormenta Olga en su dolor.

El domingo 14 de febrero, cerca de las 17, Brian tuvo permiso para ir a jugar a la casa de un vecinito, a una cuadra de donde vive con Olga, tres de sus tíos más jóvenes y la pareja de su abuela. Allí estuvo el nene «un ratito» hasta que la mamá del amiguito, Malena, le avisó que ellos debían salir y que tenía que volver a su casa, según consta en la investigación.

“Los vecinos vieron que estaba jugando en el frente de la casa de Malena y después no lo vieron más. Hay gente que dice que ha estado a la orilla del río y no lo ha visto, pero está la huella y dejó la bici en la casa de mi hermana Verónica, y nunca la deja. Ya no sé qué pensar”, repite Olga, desconcertada.

Lo que más le estruja el alma a esta abuela a la que Brian le dice «ma» es que el nene “nunca se iba al río”. “Si yo le digo que no tiene que ir porque es peligroso, no va. Si le digo que no toque porque hay corriente, no lo hace. Es muy obediente”, describe.

La hipótesis más fuerte sobre su desaparición es la posibilidad de que Brian haya caído a las aguas del Salí. Pero no la única. “Le gustaba ir de su tía Vero, a lo de María, otra de mis hijas, a lo de mi mamá… Pero siempre me pedía permiso para salir”, insiste.

Dormir no es algo que haga Olga desde el domingo. Ni sus hijos. Ni familiares. Ni siquiera los vecinos ni el personal que participa de la búsqueda. Una ciudad tucumana dejó de dormir. “Si alguien lo ve que avise, que llame a la Policía; que me lo busquen bien, que tiene que aparecer, sí o sí”, suplica Olga.

Fuente Clarín

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