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Se hizo pasar por discapacitado para violar a una mujer con retraso mental y está prófugo

Ocurrió el 9 de abril en la ciudad de Buenos Aires. Diego Nahuel Quintanilla tramó una mentira a través de la aplicación Badoo para ganar la confianza de su víctima: dijo que habían sido compañeros en una escuela especial. Su hermano y su cuñada fueron sus cómplices.

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Diego Quintanilla, el principal acusado, con la imagen que insertó en el teléfono de su víctima para usar su WhatsApp.

“No me querés ver porque no me amás”, le dijo el hombre de Moreno a J. a comienzos de abril. Habían conversado durante 15 días tras conocerse a través de la red social Badoo. El hombre iba bastante rápido: ya le había declarado su amor, le insistía con que la quería ver, para “abrazarla, besarla, conocer a su madre”. Le había dicho a J., del otro lado del teléfono, que lo suyo en realidad era un reencuentro: le dijo que los dos habían ido a la misma escuela especial años atrás. J., de 36 años, que vive con un retraso madurativo avanzado, le creyó. La mujer se negó en un comienzo a un encuentro, pero el hombre de Moreno fue por más. Apeló a ese berrinche, que le funcionó: “No me querés ver porque no me amás”.

Así, logró que J., con una edad mental estimada de 12 años, aceptara que fuera a su casa. La madre de la mujer, que vivía con ella y la cuidaba, dio una condición: que el hombre de Moreno, de 27 años, fuera con su mamá también. Acordaron la cita. Prepararon la mesa. Hasta compraron helado para el postre.

Así, a comienzos de la tarde del 9 de abril, el hombre llegó al departamento de J. en la calle Austria en Barrio Norte, acompañado de otro joven que dijo ser su hermano y de una mujer de 41 años que dijo ser su mamá.

Almorzaron, llegaron al helado incluso. Poco después, la madre de J. se aprestó a lavar los platos. En ese momento, la mujer en la cocina fue reducida por la madre del invitado y el otro hombre, atada a una silla, humillada con violencia. En la otra habitación, el hombre de Moreno se abalanzaba sobre J. para violarla y golpearla. La ató del cuello con una sábana, que luego ató a los barrotes de la cama.

Luego, los tres huyeron con un bolso tras robar varias pertenencias, entre ellas el celular Samsung de J. y las zapatillas de la madre; cámaras de seguridad los filmaron en el camino. Los vecinos de J. acudieron al oír los gritos. La madre se había arrastrado como pudo hasta el cuarto de su hija. La denuncia fue realizada a la Policía de la Ciudad. La víctima fue analizada en el Hospital Fernández: le encontraron más de una decena de lesiones en diferentes partes de su cuerpo.

En las últimas semanas, el hombre de Moreno fue identificado con un pedido de captura sobre su cabeza, con una investigación a cargo de la fiscal Mónica Cuñarro, que subroga la Fiscalía N°7, bajo la firma del juez Edmundo Rabbione.

Diego Nahuel Quintanilla, así su nombre completo, continúa prófugo hasta hoy, pero los cómplices de su mentira cayeron ayer domingo por la mañana.

Efectivos de la División Delitos Tecnológicos de la Policía Federal capturaron a Lorenzo, hermano de Quintanilla y a Cintia Cabral, una mujer de 41 años, madre de al menos dos hijos de una pareja anterior. Lorenzo es el supuesto segundo invitado en el almuerzo de la calle Austria; Cabral es su pareja; Cuñarro cree que hizo pasar por la madre del supuesto violador.

Los celulares incautados al hermano y la cuñada de Diego Quintanilla.

La Dirección de Lucha Contra el Cibercrimen de la PFA hizo un trabajo altamente técnico que permitió identificar a los acusados. Se hizo un seguimiento de todas las cámaras desde Austria hasta la estación Palermo del San Martín. Sin embargo, Quintanilla fue escurridizo. Había cambiado de guarida varias veces en los últimos tiempos, alternando escondites entre Merlo y Moreno, también en San Miguel, donde residió años atrás. Sin embargo, cayó por un error muy simple. Le robó el celular a su víctima y luego comenzó a usarlo, con su cuenta de WhatsApp incluida. Quienes tenían agendada a J. vieron la cara de un desconocido junto al teléfono de la mujer de Barrio Norte. Deberían haber encontrado a Quintanilla de inmediato, pero el violador tomaba una precaución que impidió triangular las antenas de celulares y dar con su ubicación exacta: empleaba el teléfono por pocos minutos a la vez, siempre conectado por wi-fi.

Así, lograba eludirse por poco.

Fuente Infobae

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