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Tiroteo y persecución fatal en Panamericana: el resultado de las autopsias y la teoría de la falla mecánica

El fiscal Cosme Iribarren investiga el caso y apunta a un defecto mecánico en el Volkswagen Vento piloteado por un delincuente

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La Justicia empieza a encontrar explicaciones en su investigación de la secuencia de fuga, persecución y muerte del viernes pasado en Panamericana, que terminó con tres muertos y un menor internado en grave estado. Si bien todavía faltan pericias completarías, los investigadores trazaron una hipótesis de por qué el VW Vento piloteado por “El Gordo Joel” Galván se despistó y se incrustó contra la cola de un camión con acoplado que estaba estacionado al costado de la autopista en ramal Campana. Un chispazo observado en una de las cámaras de seguridad y una marca en el piso son los indicios que lleva a los peritos a profundizar la hipótesis de una rotura mecánica en pleno escape.

Además, llegaron a manos del fiscal Cosme Iribarren las autopsias a los cadáveres, que ya fueron entregados a sus familiares. Los estudios en la morgue de San Fernando no encontraron balas policiales en los cuerpos.

Todos estos elementos, más otros que fueron analizados con minuciosidad, le permitieron a Iribarren elaborar una reconstrucción de aquella noche.

La noche fatal comenzó algunos minutos después de las 2 de la mañana en la zona de Don Torcuato. Allí se encontraron Malena Chiocconi, una joven estudiante de 19 años, con Galván, un delincuente de 23 años con prontuario como ladrón de autos. Ambos habían comenzado un vínculo reciente por redes sociales y se citaron para salir. Era la primera vez que se encontraban.

Los expedientes que Galván tenía sobre sus espaldas eran diversos. El año pasado fue detenido mientras circulaba con una arma de guerra por las calles de Vicente López, lo que le valió una causa que fue elevada a juicio en junio de 2021. Además, lo encontraron dos veces circulando con vehículos que tenían pedidos de secuestro. Tenía, también, al menos dos causas por robo a mano armada.

“Con todos estos antecedentes, la verdad que daba para que estuviera preso. Podemos discutir por qué estaba libre pero si uno se pone a ver lo que hizo, tenías elementos para que este detenido”, dice uno de los investigadores de este caso que conoció a Galván.

Lo cierto es que, luego del encuentro entre Galván y Malena, ambos decidieron ir al boliche La Noche Disco de Tigre. Allí llegaron, según registro de las cámaras de seguridad, algunos minutos después de las 3 am. Adentro del local bailable, se sumaron dos personas más a la pareja: un joven de 21 años llamado Joaquin Mirko Fernández, también con antecedentes, y un menor de 16 años al que apodaban “Maico”. Los dos eran amigos de Galván.

Malena, una de las víctimas.

En realidad, Galván y Fernández eran más que amigos. Eran compañeros del delito. Incluso tenían en su haber una causa conjunta por robo a mano armada, que fue archivada en 2018. Pero, además, Mirko Fernández había sido condenado recientemente a un año y seis meses de prisión por haber golpeado y amenazado a su ex pareja.

A las 4:11 de la mañana de ese viernes, los cuatro decidieron salir del boliche. Registros fílmicos de la zona los ven salir juntos. Se identifica claramente cuál era Galván, porque llevaba consigo unas muletas que necesitaba para caminar. Todos se subieron al VW Vento que manejaba Joel y que había sido robado el sábado anterior en la zona de Escobar.

Por algún motivo que se desconoce, Malena quiso irse pero no la dejaron. En una de las cámaras se ve la puerta del acompañante que se abre y se cierra varias veces. Alguno de los tres hombres la retuvo. Esa situación, despertó el alerta del agente que estaba revisando las cámaras y solicitó que un móvil policial se acerque a identificar a los ocupantes del Vento.

Efectivamente, una camioneta policial se estacionó detrás de Galván. El delincuente ejecutó la misma maniobra que hacía siempre. En varios expedientes anteriores quedó acreditado que, ante la presencia policial, el hombre encendía las balizas del vehículo y cuando los efectivos se bajaban, aceleraba y huía.

La persecución duro varios minutos y quedó registrada en diversas cámaras A la altura de Panamericana y ruta 197, se dio, según cree la Justicia, el único disparo de la secuencia. Se trató de una posta de goma lanzada al aire para intentar disuadir al Vento de la fuga. Fue en vano porque, evidentemente, Galván tenía la intención de huir hasta el final.

Para las 4:34, el auto pasó por la cabina 13 del peaje de Panamericana, mientras Malena le enviaba mensajes desesperados a su madre para solicitarle ayuda. Pocos segundos después el vehículo se estrellaría contra la parte trasera de un camión con acoplado que estaba estacionado en la banquina. Galván, Mirko Fernández y Malena murieron en el acto. El único sobreviviente fue el menor, que aún lucha por su vida en terapia intensiva.

En las imágenes de la cámara de seguridad de la cabina 13 del peaje, se observa un chispazo en la parte derecha del eje trasero del Vento que era perseguido. “Evidentemente ahí existió algún tipo de contacto entre el eje y el asfalto que hizo que el conductor perdiera el control”, dice a Infobae una fuente clave en las pericias del expediente Incluso, los investigadores encontraron una clara marca en el pavimento, a esa misma altura. Estos elementos, son los que abonan a la teoría de que el auto se despistó por una rotura y no por algún disparo por parte de los efectivos que emprendían la persecución

“Estamos a la espera de los resultados finales, pero creemos que esa es la razón. No hay, hasta ahora, ningún elemento que nos indique que algún policía le tiro al auto desde atrás”, explican desde la Justicia.

Otro dato que, por el momento, quita la sospecha sobre la Bonaerense es el resultados de las autopsias. En ninguno de los tres cuerpos se encontraron orificios de bala ni heridas consecuentes con algún tipo de disparo. Una vez que terminaron los análisis, los cadáveres fueron entregados a sus familias.

En el expediente, sólo resta que sea adjuntado el informe pericial final de Gendarmería para saber si confirma la teoría de la rotura a la salida del peaje, y si despeja cualquier tipo de dudas sobre algún impacto de bala en el vehículo. “Lo revisamos hasta el cansancio y no se encontró ningún agujero, pero estamos a la espera de las pericias para que eso quede debidamente corroborado”, cuentan desde la Justicia de San Isidro. Los investigadores quieren ser precavidos y minuciosos, más aun teniendo en cuenta que llegaron dos mails a la fiscalía que trabaja en el caso: el CELS y Comisión Provincial por la Memoria pidieron que se investigue el accionar policial.

Fuente Infobae

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