Inicio Provincia La escalofriante experiencia que vivió Oscar, sereno de un cementerio de Tucumán

La escalofriante experiencia que vivió Oscar, sereno de un cementerio de Tucumán

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Tucumán.- Tenía 23 años apenas Oscar cuando comenzó como sereno en un cementerio de Tucumán. Desde aquella primera noche hasta hoy, lo ha visto y sentido todo: el dolor de un familiar, el silencio, el respeto, y todo lo que sucede por las noches. Pero es ahora, a sus 53 años, cuando ha decidido romper ese silencio y relatar lo que vivió.

“Las noches ahí son distintas una de otras, dependiendo del clima o los ánimos. Se dicen muchas cosas de los cementerios… Yo en lo personal soy muy católico y respeto lo que cada uno cree. Siempre llevo conmigo una medalla de San Benito para la suerte y protección y muchas personas me preguntaron si sentía miedo al tener que estar en un lugar donde solo están los restos de personas, pero mi respuesta siempre fue que no, uno se acostumbra y el miedo y temor a que suceda algo, es hacia los vivos”, relata el hombre, ya jubilado de sus funciones.

“Caminé siempre por los pasillos, lápidas y mausoleos del cementerio. Sentí ruidos muchas veces pero no le di importancia. Hasta que sucedió algo una noche que me dejó pensando por mucho tiempo. En unos de mis recorridos, hacia un sector oscuro de tumbas viejas y olvidadas, fue cuando sentí que el aire cambió en ese lugar de golpe. No sé porque me quedé parado ahí unos minutos en silencio y sentí tristeza. No sé por qué iluminé el sector con mi linterna. Y cuando empecé a caminar de nuevo sentí un suave soplido en uno de mis oídos”, revela ante Tucumán Paranormal, la página del misterio que cada día suma más adeptos en toda la Argentina.

“Saliendo del lugar, a unos metros de un foco de luz tenue, observé una figura meterse entre unos mausoleos: la vi clarita, pegué un trotecito hasta ahí, busqué, miré, iluminé. No era imaginación mía: era la primera vez que algo así me sucedía”, confiesa Oscar, quien acto seguido continuó con su ronda y lo escuchó: “Vinieron a mí unos silbidos del sector donde había estado antes. Era la primera vez que yo los podía oír. Siempre me habían contado compañeros y familiares que se los escucha y de verdad era un silbido muy especial”.

“Estando ahí me fui a un cuarto que sirve para guardar herramientas a buscar unas velas y las llevé a la cruz mayor. La encendí, hice una oración y la otra la llevé al sector de tumbas viejas. La encendí ahí sobre una de ellas y en voz alta recé. En ese momento sentí que alguien me palmeaba la espalda y un frío terrible me recorrió la espalda”, agrega Oscar, quien con los ojos cerrados y en voz alta rezó por ellos: “Les ofrezco mi oración para su descanso”.

Pero no quedó ahí: “Volví a salir y en lo que iba caminando me invadió un fuerte olor a rosas, lo cuál me llamó la atención. Muchas cosas pasaron esa noche para mí. Sabía que mi oración de algo serviría y fue cuando al alejarme del lugar sentí como una caricia en mi cabeza, la sentí y me dió tranquilidad. Volví a mi refugio con mucha paz y entendí que muchas veces es bueno hacer una oración por esas personas que en muchos cementerios están olvidadas”. Así lo hizo Oscar. Así lo vivió Oscar. Y no es el único. Seguramente no lo es.

Fuente: Eltucumano.com

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